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Si se trata de un animal que se puede ofrecer a Yahveh como ofrenda, todo lo que se entregue así a Yahveh será cosa sagrada. (Levítico 27, 9)
Mas si se trata de un animal impuro, de los que no se pueden ofrecer como ofrenda a Yahveh, se presentará el animal al sacerdote, (Levítico 27, 11)
Si uno quiere rescatarlo, añadirá un quinto más a su valuación. (Levítico 27, 13)
Si el que consagró la casa desea rescatarla, añadirá la quinta parte al precio de su tasación, y será suya. (Levítico 27, 15)
Pero si consagra su campo después del jubileo, el sacerdote calculará su precio a razón de los años que quedan hasta el año del jubileo; y lo descontará de la tasación. (Levítico 27, 18)
Si el que consagró el campo desea rescartarlo, añadirá la quinta parte al precio de la tasación, y será suyo. (Levítico 27, 19)
Pero si nos rescata el campo, y éste se vende o otro, el campo no podrá ser rescatado en adelante. (Levítico 27, 20)
Ese campo, cuando quede libre en el jubileo, será consagrada a Yahveh como campo de anatema y será propiedad del sacerdote. (Levítico 27, 21)
Si se trata de un animal impuro, y lo quiere rescatar según la tasación, añadirá la quinta parte al precio; pero si no es rescatado, será vendido, conforme a la tasación. (Levítico 27, 27)
Nada de lo que a uno pertenece - hombre, animal o campo de su propiedad - que haya sido consagrado a Yahveh con anatema podrá venderse ni rescatarse. Todo anatema es cosa sacratísima para Yahveh. (Levítico 27, 28)
Ningún ser humano consagrado como anatema podrá ser rescatado; deberá morir. (Levítico 27, 29)
Si alguno quiere rescatar parte de su diezmo, añadirá la quinta parte de su valor. (Levítico 27, 31)