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Estas son las últimas palabras de David: Oráculo de David, hijo de Jesé, oráculo del hombre puesto en alto, el ungido del Dios de Jacob, el suave salmista de Israel: (II Samuel 23, 1)
Estos son los nombres de los valientes de David: Isbaal el jakmonita, el primero de los tres; fue el que blandió su lanza e hizo ochocientas víctimas de una sola vez. (II Samuel 23, 8)
Después de él, Eleazar, hijo de Dodó, ajojita, uno de los tres héroes. Estaba con David en Pas Dammim cuando los filisteos se concentraron para presentar batalla y los hombres de Israel retrocedían. (II Samuel 23, 9)
Después de él, Sammá, hijo de Elá, hararita. Los filisteos se habían concentrado en Lejí. Había allí una pieza toda de lentejas. El ejército huyó ante los filisteos. (II Samuel 23, 11)
Tres de los Treinta bajaron al tiempo de la cosecha y llegaron donde David a la caverna de Adullam, cuando un destacamento filisteo estaba acampado en el valle de los Refaím. (II Samuel 23, 13)
David estaba en el refugio y había en Belén un puesto de filisteos. (II Samuel 23, 14)
David expresó este deseo: «¡Quién me diera a beber agua de la cisterna que hay a la puerta de Bélen!» (II Samuel 23, 15)
Rompieron entonces los Tres héroes por el campamento de los filisteos y sacaron agua de la cisterna que hay a la puerta de Bélen, se la llevaron y la ofrecieron a David, pero él no quiso beberla, sino que la derramó como libación a Yahveh, (II Samuel 23, 16)
Abisay, hermano de Joab, e hijo de Sarvia, era jefe de los Treinta; fue el que blandió su lanza contra trescientos hombres y conquistó renombre entre los Treinta. (II Samuel 23, 18)
Benaías, hijo de Yehoyadá, hombre valeroso y pródigo en hazañas, de Cabseel, fue el que mató a los dos héroes de Moab; el que bajó y mató al león dentro del pozo, un día de nieve. (II Samuel 23, 20)
Esto hizo Benaías, hijo de Yehoyadá, y se granjeó renombre entre los Treinta valientes. (II Samuel 23, 22)
Fue más ilustre que los Treinta pero no igualó a los Tres. David le hizo jefe de su guardia personal. (II Samuel 23, 23)