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no accederás ni le escucharás, tu ojo no tendrá piedad de él, no le perdonarás ni le encubrirás, (Deuteronomio 13, 9)
Y no abandonarás al levita que vive en tus ciudades, ya que él no tiene parte ni heredad contigo. (Deuteronomio 14, 27)
sino que cada cual ofrecerá el don de su mano, según la bendición que Yahveh tu Dios te haya otorgado. (Deuteronomio 16, 17)
Si el levita llega de una de tus ciudades de todo Israel donde reside, y entra por deseo propio en el lugar elegido por Yahveh, (Deuteronomio 18, 6)
Los ancianos de esa ciudad bajarán la becerra a un torrente de agua perenne, donde no se haya arado ni se siembre, y allí, en el torrente, romperán la nuca de la becerra. (Deuteronomio 21, 4)
su padre y su madre le agarrarán y le llevarán afuera donde los ancianos de su ciudad, a la puerta del lugar. (Deuteronomio 21, 19)
Pero si es en el campo donde el hombre encuentra a la joven prometida, la fuerza y se acuesta con ella, sólo morirá el hombre que se acostó con ella; (Deuteronomio 22, 25)
porque fue en el campo donde la encontró, y la joven prometida acaso gritó sin que hubiera nadie que la socorriera. (Deuteronomio 22, 27)
Se quedará contigo, entre los tuyos, en el lugar que escoja en una de tus ciudades, donde le parezca bien; no le molestarás. (Deuteronomio 23, 17)
No llevarás a la casa de Yahveh tu Dios don de prostituta ni salario de perro, sea cual fuere el voto que hayas hecho: porque ambos son abominación para Yahveh tu Dios. (Deuteronomio 23, 19)
Pero si el cuñado se niega a tomarla por mujer, subirá ella a la puerta donde los ancianos y dirá: «Mi cuñado se niega a perpetuar el nombre de su hermano en Israel, no quiere ejercer conmigo su levirato.» (Deuteronomio 25, 7)
Yahveh enviará contra ti la maldición, el desastre, la amenaza, en todas tus empresas, hasta que seas exterminado y perezcas rápidamente, a causa de la perversidad de tus acciones por las que me habrás abandonado. (Deuteronomio 28, 20)