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Le dijo David: «¿Cómo no has temido alzar tu mano para matar al ungido de Yahveh?» (II Samuel 1, 14)
Y llamó David a uno de los jóvenes y le dijo: «Acércate y mátale.» El le hirió y murió. (II Samuel 1, 15)
David le dijo: «Tu sangre sobre tu cabeza, pues tu misma boca te acusó cuando dijiste: "Yo maté al ungido de Yahveh".» (II Samuel 1, 16)
David entonó esta elegía por Saúl y por su hijo Jonatán. (II Samuel 1, 17)
Después de esto, consultó David a Yahveh diciendo: «¿Debo subir a alguna de las ciudades de Judá?» Yahveh le respondió: «Sube.» David preguntó: «¿A cuál subiré?» «A Hebrón», respondió. (II Samuel 2, 1)
Subió allí David con sus dos mujeres, Ajinoam de Yizreel y Abigaíl la mujer de Nabal de Carmelo. (II Samuel 2, 2)
David hizo subir a los hombres que estaban con él, cada cual con su familia, y se asentaron en las ciudades de Hebrón. (II Samuel 2, 3)
Llegaron los hombres de Judá, y ungieron allí a David como rey sobre la casa de Judá. Communicaron a David que los hombres de Yabés de Galaad habían sepultado a Saúl. (II Samuel 2, 4)
Y David envió mensajeros a los hombres de Yabés de Galaad para decirles: «Benditos seáis de Yahveh por haber hecho esta misericordia con Saúl, vuestro señor, dándole sepultura. (II Samuel 2, 5)
Cuarenta años tenía Isbaal, hijo de Saúl, cuando fue proclamado rey de Israel; reinó dos años. Solamente la casa de Judá siguió a David. (II Samuel 2, 10)
El número de días que estuvo David en Hebrón como rey de la casa de Judá fue de siete años y seis meses. (II Samuel 2, 11)
Salieron también Joab, hijo de Sarvia, y los veteranos de David, y se encontraron cerca de la alberca de Gabaón; se detuvieron, los unos a un lado de la alberca y los otros al otro. (II Samuel 2, 13)
