Fundar 1708 Resultados para: Tierra Buena
para que esta tierra, la más querida por ti entre todas, recibiera una digna colonia de hijos de Dios. (Sabiduría 12, 7)
Así un alfarero amasa laboriosamente la tierra blanda y modela cada uno de los objetos que usamos. Con la misma arcilla modela indistintamente objetos destinados a un uso noble y otros que tendrán un destino contrario; pero es el alfarero el que decide cuál será la función de cada uno de ellos. (Sabiduría 15, 7)
Después, con un esfuerzo mal empleado, utiliza la misma arcilla para modelar un falso dios, y el que hace eso es un hombre que poco antes nació de la tierra y dentro de poco volverá a la tierra de donde fue sacado, cuando se le pida que devuelva su alma. (Sabiduría 15, 8)
Su corazón no es más que ceniza, su esperanza es más vil que la tierra, y su vida más despreciable que la arcilla. (Sabiduría 15, 10)
Otras veces, dentro mismo del agua, las llamas ardían con una fuerza superior a la del fuego, para destruir las cosechas de una tierra injusta. (Sabiduría 16, 19)
se detuvo y sembró la muerte por todas partes: a la vez que tocaba el cielo, avanzaba sobre la tierra. (Sabiduría 18, 16)
Se vio a la nube cubrir el campamento con su sombra y emerger la tierra seca de lo que antes era agua; apareció en el Mar Rojo un camino despejado y una verde llanura, entre las olas impetuosas: (Sabiduría 19, 7)
Todavía recordaban lo que había sucedido en su destierro: cómo los mosquitos, en lugar de reproducirse naturalmente, fueron producidos por la tierra, y cómo las ranas, en lugar de nacer de otros animales acuáticos, fueron vomitadas por el Río en gran cantidad. (Sabiduría 19, 10)
seres terrestres se volvían acuáticos, los que nadan se desplazaban sobre la tierra; (Sabiduría 19, 19)
¿Quién puede medir la altura del cielo, la extensión de la tierra, el abismo y la sabiduría? (Eclesiástico 1, 3)
La corona de la sabiduría es el temor del Señor: ella hace florecer el bienestar y la buena salud. (Eclesiástico 1, 18)
No te apartes de una mujer sabia y buena, porque su encanto vale más que el oro. (Eclesiástico 7, 19)