Fundar 24281 Resultados para: Re
Unos hombres piadosos enterraron a Esteban y lo lloraron con gran pesar. (Hechos 8, 2)
Saulo, por su parte, perseguía a la Iglesia; iba de casa en casa y arrastraba a hombres y mujeres, llevándolos a la cárcel. (Hechos 8, 3)
Felipe descendió a la ciudad de Samaría y allí predicaba a Cristo. (Hechos 8, 5)
Al oírlo y al ver los milagros que hacía, todos recibían unánimemente las palabras de Felipe. (Hechos 8, 6)
Desde hacía un tiempo, vivía en esa ciudad un hombre llamado Simón, el cual con sus artes mágicas tenía deslumbrados a los samaritanos y pretendía ser un gran personaje. (Hechos 8, 9)
Todos, desde el más pequeño al más grande, lo seguían y decían: «Este hombre es la Fuerza de Dios, esa que es llamada Grande». (Hechos 8, 10)
Pero cuando creyeron a Felipe, que les anunciaba la Buena Noticia del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, todos, hombres y mujeres, se hicieron bautizar. (Hechos 8, 12)
Simón también creyó y, una vez bautizado, no se separaba de Felipe. Al ver los signos y los grandes prodigios que se realizaban, él no salía de su asombro. (Hechos 8, 13)
Cuando los Apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que los samaritanos habían recibido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. (Hechos 8, 14)
Estos, al llegar, oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo. (Hechos 8, 15)
Porque todavía no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en el nombre del Señor Jesús. (Hechos 8, 16)
Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo. (Hechos 8, 17)