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otros fueron hombres ricos, llenos de poder, que vivían en paz en sus moradas. (Eclesiástico 44, 6)
Por eso, Dios le aseguró con un juramento que las naciones serían bendecidas en su descendencia, que lo multiplicaría como el polvo de la tierra, que exaltaría a sus descendientes como las estrellas, y les daría en herencia el país, desde un mar hasta el otro y desde el Río hasta los confines de la tierra. (Eclesiástico 44, 21)
De él, hizo nacer a un hombre de bien,que halló gracia a los ojos de todos y fue amado por Dios y por los hombres: Moisés, de bendita memoria. (Eclesiástico 45, 1)
Lo revistió con toda magnificencia y lo confirmó con las insignias del poder: los pantalones, la túnica y el éfod; (Eclesiástico 45, 8)
Moisés le confirió la investidura y lo ungió con el óleo santo. Esta fue una alianza eterna para él y para sus descendientes, mientras dure el cielo, para que sirvan a Dios como sacerdotes y bendigan al pueblo en su nombre. (Eclesiástico 45, 15)
Salomón reinó en tiempos de paz y Dios le concedió tranquilidad en sus fronteras, a fin de que edificara una Casa a su Nombre y erigiera un Santuario eterno. (Eclesiástico 47, 13)
En nombre del Señor Dios, de aquel que es llamado Dios de Israel, amontonaste el oro como estaño, y como plomo acumulaste la plata. (Eclesiástico 47, 18)
No quedó nada más que un pueblo muy pequeño, con un jefe de la casa de David. Algunos de ellos hicieron lo que agrada a Dios, pero otros multiplicaron sus pecados. (Eclesiástico 48, 16)
Tuvieron que entregar su poder a otros, y su gloria a una nación extranjera. (Eclesiástico 49, 5)
Ezequiel tuvo una visión de la Gloria, que Dios le mostró sobre el carro de los Querubines, (Eclesiástico 49, 8)
En seguida, todo el pueblo, unánimemente, caía con el rostro en tierra para adorar a su Señor, el Todopoderoso, el Dios Altísimo. (Eclesiástico 50, 17)
Y ahora bendigan al Dios del universo que hace grandes cosas por todas partes, al que nos exaltó desde el seno materno y nos trató según su misericordia. (Eclesiástico 50, 22)