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Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. (Mateo 25, 1)
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. (Mateo 25, 5)
Pero a medianoche se oyó un grito: "Ya viene el esposo, salgan a su encuentro". (Mateo 25, 6)
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. (Mateo 25, 10)
Pero el señor le respondió: "Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, (Mateo 25, 26)
Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. (Mateo 25, 31)
Cuando Jesús se encontraba en Betania, en casa de Simón el leproso, (Mateo 26, 6)
se acercó una mujer con un frasco de alabastro, que contenía un perfume valioso, y lo derramó sobre su cabeza, mientras él estaba comiendo. (Mateo 26, 7)
pero no lo encontraron, a pesar de haberse presentado numerosos testigos falsos. Finalmente, se presentaron dos (Mateo 26, 60)
Jesús le respondió: «Tú lo has dicho. Además, les aseguro que de ahora en adelante verán al Hijo del hombre sentarse a la derecha del Todopoderoso y venir sobre las nubes del cielo». (Mateo 26, 64)
Había entonces uno famoso, llamado Barrabás. (Mateo 27, 16)
Y todo el pueblo respondió: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos». (Mateo 27, 25)