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  • En cambio, el que profetiza habla a los hombres para edificarlos, exhortarlos y reconfortarlos. (I Corintios 14, 3)

  • Mi deseo es que todos ustedes tengan el don de lenguas, pero prefiero que profeticen, porque el que profetiza aventaja al que habla un lenguaje incomprensible. A no ser que este último también interprete ese lenguaje, para edificación de la comunidad. (I Corintios 14, 5)

  • Supongamos, hermanos, que yo fuera a verlos y les hablara en esa forma, ¿de qué les serviría si mi palabra no les aportara ni revelación, ni ciencia, ni profecía, ni enseñanza? (I Corintios 14, 6)

  • Sucedería lo mismo que con los instrumentos de música, por ejemplo, la flauta o la cítara. Si las notas no suenan distintamente, nadie reconoce lo que se está ejecutando. (I Corintios 14, 7)

  • Pero si ignoro el sentido de las palabras, seré como un extranjero para el que me habla y él lo será para mí. (I Corintios 14, 11)

  • Por esta razón, el que habla un lenguaje incomprensible debe orar pidiendo el don de interpretarlo. (I Corintios 14, 13)

  • Porque si oro en un lenguaje incomprensible, mi espíritu ora, pero mi inteligencia no saca ningún provecho. (I Corintios 14, 14)

  • ¿Qué debo hacer entonces? Orar con el espíritu y también con la inteligencia, cantar himnos con el espíritu y también con la inteligencia. (I Corintios 14, 15)

  • Yo doy gracias a Dios porque tengo el don de lenguas más que todos ustedes. (I Corintios 14, 18)

  • En la Ley está escrito: Yo hablaré a este pueblo en lenguas extrañas y por boca de extranjeros; con todo, ni aun así me escucharán, dice el Señor. (I Corintios 14, 21)

  • Por otra parte, si al reunirse la asamblea, todos se ponen a hablar en un lenguaje incomprensible y entran algunos que no están iniciados o no son creyentes, seguramente pensarán que ustedes están locos. (I Corintios 14, 23)

  • Así quedarán manifiestos los secretos de su corazón, y él, cayendo de rodillas, adorará a Dios y proclamará que Dios está realmente entre ustedes. (I Corintios 14, 25)


"A mansidão reprime a ira." São Padre Pio de Pietrelcina