Mosaico decorativo

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  • Yo oí el sonido de sus palabras y, al oírlo, caí en trance con el rostro en tierra. (Daniel 10, 9)

  • Al oír esos gritos en el jardín, la gente de la casa se precipitó por la puerta lateral para ver lo que ocurría, (Daniel 13, 26)

  • El Señor hace oír su voz al frente de sus tropas: ¡qué numerosos son sus batallones, qué poderoso el que ejecuta su palabra! Porque el Día del Señor es grande y terrible: ¿quién podrá soportarlo? (Joel 2, 11)

  • El Señor ruge desde Sión y desde Jerusalén hace oír su voz: ¡tiemblan el cielo y la tierra! ¡Pero el Señor será un refugio para su pueblo, un resguardo para los israelitas! (Joel 4, 16)

  • Él dijo: El Señor ruge desde Sión y desde Jerusalén hace oír su voz: los campos de pastoreo están desolados y se ha secado la cumbre del Carmelo. (Amós 1, 2)

  • Hagan oír su voz en los palacios de Asiria y en los palacios de Egipto, y digan: Reúnanse en las montañas de Samaría, y vean cuántos desórdenes hay en medio de ella, cuántas opresiones en su interior. (Amós 3, 9)

  • Aleja de mí el bullicio de tus cantos, no quiero oír el sonido de tus arpas. (Amós 5, 23)

  • ¡Aquí estoy contra ti! -oráculo del Señor de los ejércitos-. Levantaré una humareda con tus carros y la espada devorará tus cachorros; suprimiré de la tierra tus rapiñas y ya no se oirá la voz de tus mensajeros. (Nahún 2, 14)

  • Te ven las montañas y se espantan, pasa una lluvia torrencial, el océano hace oír su voz y levanta sus manos en alto. (Habacuc 3, 10)

  • Al oírlo, se conmovieron mis entrañas, ante el fragor, balbucean mis labios; la caries penetra en mis huesos y debajo de mí tiemblan mis pasos. Espero tranquilo el día de la angustia, que le sobrevendrá al pueblo que nos ataca. (Habacuc 3, 16)

  • Aquel día -oráculo del Señor- se oirá un clamor desde la puerta de los Peces, un alarido desde la Ciudad nueva y un gran estruendo desde las colinas. (Sofonías 1, 10)

  • Pero ellos no quisieron hacer caso: se mostraron rebeldes y endurecieron sus oídos para no oír; (Zacarías 7, 11)


"Não sejamos mesquinhos com Deus que tanto nos enriquece." São Padre Pio de Pietrelcina