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el Adversario, el que se alza con soberbia contra todo lo que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta llegar a instalarse en el Templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. (II Tesalonicenses 2, 4)
Ya saben qué es lo que ahora lo retiene, para que no se manifieste sino a su debido tiempo. (II Tesalonicenses 2, 6)
El misterio de la iniquidad ya está actuando. Sólo falta que desaparezca el que lo retiene, (II Tesalonicenses 2, 7)
y de toda clase de engaños perversos, destinados a los que se pierden por no haber amado la verdad que los podía salvar. (II Tesalonicenses 2, 10)
a fin de que sean condenados todos los que se negaron a creer en la verdad y se complacieron en el mal. (II Tesalonicenses 2, 12)
Nosotros, por nuestra parte, siempre debemos dar gracias a Dios, a causa de ustedes, hermanos amados por el Señor. En efecto, Dios los eligió desde el principio para que alcanzaran la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu y la fe en la verdad. (II Tesalonicenses 2, 13)
Él los llamó, por medio de nuestro Evangelio, para que posean la gloria de nuestro Señor Jesucristo. (II Tesalonicenses 2, 14)
Por lo tanto, hermanos, manténganse firmes y conserven fielmente las tradiciones que aprendieron de nosotros, sea oralmente o por carta. (II Tesalonicenses 2, 15)
Que nuestro Señor Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos amó y nos dio gratuitamente un consuelo eterno y una feliz esperanza, (II Tesalonicenses 2, 16)
los reconforte y fortalezca en toda obra y en toda palabra buena. (II Tesalonicenses 2, 17)
Finalmente, hermanos, rueguen por nosotros, para que la Palabra del Señor se propague rápidamente y sea glorificada como lo es entre ustedes. (II Tesalonicenses 3, 1)
Rueguen también para que nos veamos libres de los hombres malvados y perversos, ya que no todos tienen fe. (II Tesalonicenses 3, 2)