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"Las hijas de Selofjad tienen razón. Asígnales una propiedad hereditaria entre los hermanos de su padre y transfiéreles la herencia de su padre. (Números 27, 7)
y si no tiene hija, se la dará a sus hermanos. (Números 27, 9)
Si tampoco tiene hermanos, entregarán la herencia a los hermanos de su padre; (Números 27, 10)
y si su padre no tiene hermanos, se la darán a su pariente más cercano entre los miembros de su familia, y este tomará posesión de ella". Esta es una prescripción legal para los israelitas, como el Señor lo ordenó a Moisés. (Números 27, 11)
Pero Moisés respondió a los gaditas y a los rubenitas: "¿Así que ustedes se quedarán aquí, mientras sus hermanos van a la guerra? (Números 32, 6)
Así Moisés asignó a los gaditas, a los rubenitas y a la mitad de la tribu de Manasés, hijo de José, el reino de Sijón, rey de los amorreos, y el reino de Og, rey de Basán: el territorio con sus diversas ciudades y el territorio de los poblados vecinos. (Números 32, 33)
por los hijos de José, por la tribu de los hijos de Manasés, el jefe Janiel, hijo de Efod; (Números 34, 23)
Los jefes de familia del clan de los descendientes de Galaad –hijo de Maquir, hijo de Manasés, uno de los clanes de los descendientes de José– se presentaron delante de Moisés y de los principales jefes de familia de Israel y les dijeron: (Números 36, 1)
Entonces Moisés, por orden del Señor, dio estas instrucciones a los israelitas: La tribu de los descendientes de José tiene razón. (Números 36, 5)
Al mismo tiempo, di esta orden a los jueces: "Escuchen a sus hermanos y hagan justicia, cuando tengan un pleito entre ellos o con un extranjero. (Deuteronomio 1, 16)
¿Adónde iremos? Nuestros hermanos nos dejaron sin aliento, cuando nos dijeron: ‘Son gente más grande y más alta que nosotros; las ciudades son enormes y están provistas de murallas que se elevan hasta el cielo. Allí vimos también a los anaquitas’". (Deuteronomio 1, 28)
Comunica esta orden al pueblo: Ustedes van a pasar por la región de Seír, donde viven sus hermanos, los descendientes de Esaú, los cuales desconfían de ustedes. Pero atiendan bien: (Deuteronomio 2, 4)