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Judas, dejándolo todo en manos del Creador del universo, exhortó a sus compañeros a luchar valerosamente hasta la muerte por las leyes, el Santuario, la ciudad, la patria y las instituciones. Luego acampó en las inmediaciones de Modín. (II Macabeos 13, 14)
Entonces Onías tomó la palabra y dijo: "Este es Jeremías, el profeta de Dios, que ama a sus hermanos, y ora sin cesar por su pueblo y por la Ciudad santa". (II Macabeos 15, 14)
Reconfortados con estas bellísimas palabras de Judas, capaces de llevar al heroísmo y de robustecer los corazones juveniles, todos decidieron no quedarse a la defensiva, sino lanzarse valerosamente a la ofensiva, y decidir la situación luchando con la mayor valentía, porque estaban en peligro la Ciudad, las instituciones sagradas y el Santuario. (II Macabeos 15, 17)
Y no era menor la angustia de los que habían quedado en la ciudad, preocupados como estaban por el combate que se iba a librar en campo abierto. (II Macabeos 15, 19)
Estos son los sucesos referentes a Nicanor. Como a partir de entonces la Ciudad quedó en poder de los hebreos, aquí mismo terminaré mi relato. (II Macabeos 15, 37)
llama en las esquinas más concurridas, a la entrada de las puertas de la ciudad, dice sus palabras: (Proverbios 1, 21)
al lado de las puertas, a la entrada de la ciudad, en los lugares de acceso, ella dice en alta voz: (Proverbios 8, 3)
Ella envió a sus servidoras a proclamar sobre los sitios más altos de la ciudad: (Proverbios 9, 3)
Ella se sienta a la puerta de su casa, en una silla, sobre las alturas de la ciudad, (Proverbios 9, 14)
Cuando los justos son felices, se alegra la ciudad, cuando perecen los malvados, se oyen gritos de alegría. (Proverbios 11, 10)
Con la bendición de los hombres rectos se levanta una ciudad, la boca de los malvados la destruye. (Proverbios 11, 11)
El sabio toma por asalto una ciudad de valientes y abate la fuerza en que ella confiaba. (Proverbios 21, 22)