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Digan a sus hermanos: "Mi pueblo" y a sus hermanas: "Compadecida". (Oseas 2, 3)
Sí, su madre se prostituyó, la que los concibió se cubrió de vergüenza, porque dijo: "Iré detrás de mis amantes, los que me dan mi pan y mi agua, mi lana y mi lino, mi aceite y mis bebidas". (Oseas 2, 7)
Por eso retiraré mi trigo a su tiempo y mi vino en su estación; arrancaré mi lana y mi lino, con los que cubría su desnudez. (Oseas 2, 11)
Sacrifican en las cumbres de las montañas y queman incienso sobre las colinas, bajo la encina, el álamo y el terebinto, porque su sombra es agradable. Por eso se prostituyen las hijas de ustedes y sus nueras cometen adulterio. (Oseas 4, 13)
Con sus rebaños y su ganado irán en busca del Señor, pero no lo encontrarán: él se ha librado de ellos. (Oseas 5, 6)
Cuando Efraím vio su enfermedad y Judá su llaga, Efraím acudió a Asiria y Judá envió mensajeros al gran rey. Pero él no puede sanarlos ni curarlos de la llaga. (Oseas 5, 13)
"Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas. (Oseas 6, 1)
Cuando yo quería sanar a Israel, se reveló la culpa de Efraím, las maldades de Samaría. Sí, ellos obran de mala fe; el ladrón penetra en la casa, mientras una banda despoja afuera. (Oseas 7, 1)
¡Son todos adúlteros! Se parecen a un horno encendido, que el panadero deja de avivar desde que se amasa la pasta hasta que ha fermentado. (Oseas 7, 4)
Porque ellos se acercaron encubiertamente, aunque su corazón es como un horno. Toda la noche se adormece su furor, y a la mañana se enciende como una llama de fuego. (Oseas 7, 6)
Los extranjeros han devorado su vigor, y él no lo sabe. También le han salido canas, y él no lo sabe. (Oseas 7, 9)
Por más que escriba para él mil prescripciones de mi Ley se las tendría por una cosa extraña. (Oseas 8, 12)