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aunque bramen y se agiten sus olas, y con su ímpetu sacudan las montañas. El Señor de los ejércitos está con nosotros, nuestro baluarte es el Dios de Jacob. Pausa (Salmos 46, 4)
Los canales del Río alegran la Ciudad de Dios, la más santa Morada del Altísimo. (Salmos 46, 5)
Su santa Montaña, la altura más hermosa, es la alegría de toda la tierra. La Montaña de Sión, la Morada de Dios, es la Ciudad del gran Rey: (Salmos 48, 3)
se alegra la Montaña de Sión; las ciudades de Judá se regocijan a causa de tus juicios. (Salmos 48, 12)
Porque son mías todas las fieras de la selva, y también el ganado de las montañas más altas. (Salmos 50, 10)
Estás todo el día tramando maldades, tu lengua es como navaja afilada, y no haces más que engañar. (Salmos 52, 4)
De tarde, de mañana, al mediodía, gimo y me lamento, pero él escuchará mi clamor. (Salmos 55, 18)
Mío es Galaad, Manasés me pertenece; Efraím es mi yelmo, mi cetro es Judá, (Salmos 60, 9)
Añade días a los días del rey: que duren sus años por muchas generaciones; (Salmos 61, 7)
¿Hasta cuándo se ensañarán con un hombre para derribarlo entre todos, como si fuera un muro inclinado o un cerco que está por derrumbarse? (Salmos 62, 4)
Tú afianzas las montañas con tu poder, revestido de fortaleza; (Salmos 65, 7)
Los que habitan en las tierras más lejanas temen tus obras prodigiosas; tú haces que canten de alegría el oriente y el occidente. (Salmos 65, 9)