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y realizará el rito de expiación por la parte más santa del Santuario, por la Carpa del Encuentro y por el altar. Lo mismo hará por los sacerdotes y por todos los miembros de la asamblea. (Levítico 16, 33)
Entonces el sacerdote rociará con esa sangre el altar del Señor, a la entrada de la Carpa del Encuentro, y hará arder las partes grasosas como aroma agradable al Señor. (Levítico 17, 6)
Porque la vida de la carne está en la sangre, y yo mismo les he puesto la sangre sobre el altar, para que les sirva de expiación, ya que la sangre es la que realiza la expiación, en virtud de la vida que hay en ella. (Levítico 17, 11)
Pero no entrará detrás del velo ni se acercará al altar; él tiene un defecto corporal y no debe profanar esos lugares que me están consagrados, porque yo soy el Señor, que los santifico. (Levítico 21, 23)
las cortinas del atrio y el cortinado para la entrada del atrio que rodea la Morada, las cuerdas y el altar: todo el servicio relacionado con esos objetos. (Números 3, 26)
Luego extenderán una tela de púrpura violeta sobre el altar de oro, lo cubrirán con una funda de cuero fino y le ajustarán las andas. (Números 4, 11)
Después de haber limpiado las cenizas del altar, extenderán sobre él una tela de púrpura escarlata (Números 4, 13)
y pondrán encima todos los enseres que se usan para su servicio: los braseros, los tenedores, las palas y los aspersorios, o sea, todos los enseres del altar. Luego extenderán sobre él una funda de cuero fino y le ajustarán las andas. (Números 4, 14)
las cortinas del atrio, la cortina de la entrada del atrio que rodea la Morada y el altar, y también sus cuerdas y todos los accesorios que se emplean en su servicio: ellos se encargarán de hacer todo lo necesario. (Números 4, 26)
En seguida el sacerdote tomará de manos de la mujer la oblación motivada por los celos, hará el gesto de presentación delante del Señor, y la llevará hasta el altar. (Números 5, 25)
Luego tomará de la ofrenda un puñado, como memorial, y lo hará arder sobre el altar. Finalmente, hará que la mujer beba esas aguas. (Números 5, 26)
Cuando Moisés terminó de erigir la Morada, la ungió y la consagró, junto con todo su mobiliario, y lo mismo hizo con el altar y sus utensilios. Y una vez que la ungió y la consagró, (Números 7, 1)