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¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?». (Lucas 17, 18)
Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán. (Lucas 17, 22)
de dos mujeres que estén moliendo juntas, una será llevada y la otra dejada». (Lucas 17, 35)
Después Jesús les enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse: (Lucas 18, 1)
y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciendole: "Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario". (Lucas 18, 3)
pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme"». (Lucas 18, 5)
Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: (Lucas 18, 9)
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!". (Lucas 18, 13)
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado». (Lucas 18, 14)
Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. (Lucas 18, 19)
Viéndolo así, Jesús dijo: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios! (Lucas 18, 24)
Como la gente seguía escuchando, añadió una parábola, porque estaba cerca de Jerusalén y ellos pensaban que el Reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro. (Lucas 19, 11)