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«Has salvado tu vida con tu decisión de presentarte a nuestro señor. Anda a su tienda; algunos de los nuestros te acompañarán hasta que llegues a él. (Judit 10, 15)
La noticia de su llegada se corrió de tienda en tienda. La gente de todo el campamento acudía en torno a ella, mientras esperaba fuera de la tienda de Holofernes que le anunciaran su llegada. (Judit 10, 18)
Los guardias personales de Holofernes y todos sus oficiales salieron para introducirla en la tienda. (Judit 10, 20)
Le anunciaron la llegada de Judit y salió a la entrada de su tienda precedido de lámparras de plata. (Judit 10, 22)
Los ayudantes la llevaron a su tienda, donde durmió hasta medianoche. (Judit 12, 5)
Ya purificada, volvía a su tienda para la comida. (Judit 12, 9)
Judit fue dejada sola en la tienda con Holofernes, hundido en su cama y ahogado en vino. (Judit 13, 2)
pero no bajen. Ellos tomarán sus armas e irán a despertar a los jefes de su ejército. Se presentarán a la tienda de Holofernes, y al no encontrarlo, quedarán aterrorizados y huirán ante ustedes. (Judit 14, 3)
hasta llegar a la tienda de Holofernes. Allí dijeron a su encargado general: «Despierta a nuestro jefe, que los esclavos quieren bajar a luchar con nosotros.» (Judit 14, 13)
Luego entró en la tienda de Judit y, al no encontrarla, corrió a las tropas y gritó: (Judit 14, 17)
El saqueo del campamento asirio duró un mes. A Judit le dieron la tienda de campaña de Holofernes con los objetos de plata, las camas, los cojines y todos los muebles. Ella lo tomó, trajo su mula y cargó todo en unos carros. (Judit 15, 11)
«Todos los funcionarios del rey y el pueblo en general saben que cualquiera, sea hombre o mujer, que entre sin haber sido llamado a los aposentos privados del rey, está por ley condenado a muerte, a no ser que el rey le tienda su bastón de oro perdonándole la vida. Hace ya treinta días que el rey no me invita a visitarlo.» (Ester 4, 11)