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Entró con insolencia en el santuario y se llevó el altar de oro, el candelabro de la luz con todos los accesorios, (1 Macabeos 1, 21)
Tomándolo todo, partió para su patria, después de haber derramado mucha sangre y de hacer declaraciones insolentes. (1 Macabeos 1, 24)
Según él, se suprimían las víctimas consumidas por el fuego, los sacrificios y otras ofrendas en el Santuario. Se debía tener por días ordinarios no sólo los sábados, sino también las fiestas sagradas. (1 Macabeos 1, 45)
Aquel día resolvieron defenderse contra quien los atacara en día sábado, y no dejar que los asesinaran, como había pasado con sus hermanos en aquellos refugios. (1 Macabeos 2, 41)
Cuando se acercó su muerte, Matatías dijo a sus hijos: «Ahora mandan los insolentes y los violentos; es un tiempo de crisis en que Dios descarga su enojo. (1 Macabeos 2, 49)
Con ellos mandó cuarenta mil soldados de a pie y siete mil de caballería para que fueran a la provincia de Judea y la saquearan, conforme a lo ordenado por el rey. (1 Macabeos 3, 39)
refirieron también que otros estaban atrincherados en otras ciudades de Galaad y que los paganos habían decidido asaltar sus defensas, al día siguiente, echar mano de ellos y exterminarlos a todos en un solo día. (1 Macabeos 5, 27)
Judas les envió un mensaje en son de paz, diciéndoles: «Permítannos atravesar su país para llegar al nuestro; nadie de nosotros les hará mal alguno, pues se trata solamente de seguir nuestro camino.» Pero no quisieron abrirle las puertas. (1 Macabeos 5, 48)
Judas resolvió quitarlos de en medio, y para ello reunió a todo el pueblo para sitiarlos. (1 Macabeos 6, 19)
Y no sólo nos han hecho la guerra a nosotros, sino también a los países vecinos. (1 Macabeos 6, 25)
Cuando el sol se reflejó en los escudos de oro y bronce, resplandecieron las montañas y brillaron como llamas de fuego. (1 Macabeos 6, 39)
Cuando lo supo Lisias, se apresuró a dar la señal de partida, diciendo al rey, a los generales del ejército y a los soldados: «De día en día perdemos fuerzas, escasean los alimentos y el lugar que sitiamos está fuertemente defendido; no podemos descuidar los asuntos del reino. (1 Macabeos 6, 57)