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El dueño contestó a uno de ellos: «Amigo, yo no he sido injusto contigo. ¿No acordamos en un denario al día? (Evangelio según San Mateo 20, 13)
Pero no será así entre ustedes. Al contrario, el de ustedes que quiera ser grande, que se haga el servidor de ustedes, (Evangelio según San Mateo 20, 26)
Los sacerdotes principales y los maestros de la Ley vieron las cosas tan asombrosas que Jesús acababa de hacer y a los niños que clamaban en el Templo: «¡Hosanna al hijo de David!». Estaban furiosos (Evangelio según San Mateo 21, 15)
Escuchen este otro ejemplo: Había un propietario que plantó una viña. La rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar y levantó una torre para vigilarla. Después la alquiló a unos labradores y se marchó a un país lejano. (Evangelio según San Mateo 21, 33)
El propietario volvió a enviar a otros servidores más numerosos que la primera vez, pero los trataron de la misma manera. (Evangelio según San Mateo 21, 36)
Le enviaron, pues, discípulos suyos junto con algunos partidarios de Herodes a decirle: «Maestro, sabemos que eres honrado, y que enseñas con sinceridad el camino de Dios. No te preocupas por quién te escucha, ni te dejas influenciar por nadie. (Evangelio según San Mateo 22, 16)
Muéstrenme la moneda que se les cobra.» Y ellos le mostraron un denario. (Evangelio según San Mateo 22, 19)
Sucedió que había entre nosotros siete hermanos. Se casó el mayor y murió, y al no tener hijos, dejó su mujer a su hermano. (Evangelio según San Mateo 22, 25)
Después de todos ellos murió también la mujer. (Evangelio según San Mateo 22, 27)
¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos, que son unos hipócritas! Ustedes purifican el exterior del plato y de la copa, después que la llenaron de robos y violencias. (Evangelio según San Mateo 23, 25)
¡Fariseo ciego! Purifica primero lo que está dentro, y después purificarás también el exterior. (Evangelio según San Mateo 23, 26)
Ustedes también aparentan como que fueran personas muy correctas, pero en su interior están llenos de falsedad y de maldad. (Evangelio según San Mateo 23, 28)