Mosaico decorativo

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  • El tercer día, Eliab, hijo de Helón, de la tribu de Zabulón, hizo su ofrenda. (Números 7, 24)

  • y para el sacrificio de comunión, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Esa fue la ofrenda de Eliab, hijo de Helón. (Números 7, 29)

  • al frente de la tribu de los hijos de Zabulón (en formación) Eliab, hijo de Helón. (Números 10, 16)

  • Jobab le respondió: "No iré con ustedes sino que volveré a mi país donde mi familia". (Números 10, 30)

  • Saliendo de la montaña de Yavé, caminaron tres días, y durante esos tres días de marcha, el Arca de la Alianza iba delante de ellos para ubicarles un lugar donde descansar. (Números 10, 33)

  • La gente del pueblo se dispersaba para recogerlo, luego lo molían entre dos piedras o lo machacaban en un mortero. Después lo cocían en una olla y hacían con él tortillas. Su sabor era parecido al de una tortilla con aceite. (Números 11, 8)

  • Moisés oyó que el pueblo lloraba, cada familia a la entrada de su tienda, mientras ardía la cólera de Yavé. Moisés se afectó mucho por eso. (Números 11, 10)

  • Pero ellos insistieron en subir a la cumbre de la montaña, si bien el Arca de la Alianza y Moisés permanecieron en el campamento. (Números 14, 44)

  • Coré, hijo de Isar, hijo de Quehat, hijo de Leví y también Datán y Abirón, hijos de Eliab, y On, hijo de Pelet, de la tribu de Rubén, (Números 16, 1)

  • Moisés mandó buscar a Datán y Abirón, hijos de Eliab. Pero ellos respondieron: "¡No iremos! (Números 16, 12)

  • Se abrió una garganta y se los tragó con toda su familia ( a todos los hombres de la banda de Coré) junto con todo lo que les pertenecía. (Números 16, 32)

  • Todo lo que se haya reservado de las ofrendas que hagan los Israelitas a Yavé será considerado como partes santas; te las doy a ti, a tus hijos y a tus hijas: es una ley perpetua. Es una alianza eterna por la sal ante Yavé para ti y para toda tu descendencia contigo". (Números 18, 19)


"O Senhor se comunica conosco à medida que nos libertamos do nosso apego aos sentidos, que sacrificamos nossa vontade própria." São Padre Pio de Pietrelcina