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Pero Jesús se quedó callado. Entonces el sumo sacerdote le dijo: «En el nombre del Dios vivo te ordeno que nos contestes: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios?» (Evangelio según San Mateo 26, 63)
Jesús le respondió: «Así es, tal como tú lo has dicho. Y yo les digo más: a partir de ahora ustedes contemplarán al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Dios Todopoderoso, y lo verán venir sobre las nubes del cielo.» (Evangelio según San Mateo 26, 64)
Mientras Pedro estaba sentado fuera, en el patio, se le acercó una sirvienta de la casa y le dijo: «Tú también estabas con Jesús de Galilea.» (Evangelio según San Mateo 26, 69)
Y como Pedro se dirigiera hacia la salida, lo vio otra sirvienta, que dijo a los presentes: «Este hombre andaba con Jesús de Nazaret.» (Evangelio según San Mateo 26, 71)
Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: «Antes de que cante el gallo me negarás tres veces». Y saliendo fuera, lloró amargamente. (Evangelio según San Mateo 26, 75)
Al amanecer, todos los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías celebraron una reunión para decidir la manera de hacer morir a Jesús. (Evangelio según San Mateo 27, 1)
Cuando Judas, el traidor, supo que Jesús había sido condenado, se llenó de remordimientos y devolvió las treinta monedas de plata a los jefes de los sacerdotes y a los jefes judíos. (Evangelio según San Mateo 27, 3)
Jesús compareció ante el gobernador, y éste comenzó a interrogarlo. Le preguntó: «¿Eres tú el rey de los judíos?» Jesús contestó: «Tú eres el que lo dice.» (Evangelio según San Mateo 27, 11)
Los jefes de los sacerdotes y las autoridades judías lo acusaban, pero Jesús no contestó nada. (Evangelio según San Mateo 27, 12)
Pero Jesús no dijo ni una palabra, de modo que el gobernador se sorprendió mucho. (Evangelio según San Mateo 27, 14)
Cuando se juntó toda la gente, Pilato les dijo: «¿A quién quieren que deje libre, a Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?» (Evangelio según San Mateo 27, 17)
Porque sabía que le habían entregado a Jesús por envidia. (Evangelio según San Mateo 27, 18)