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El otro viento consume las montañas y quema el desierto; como si fuera fuego devora todo verdor. (Sirácides (Eclesiástico) 43, 21)
Le puso una corona de oro por encima del turbante, con una inscripción en relieve: "¡Consagrado al Señor!" Era un adorno precioso, una obra espléndida que atraía las miradas de todos. (Sirácides (Eclesiástico) 45, 12)
El Señor lo vio y eso no le gustó; fueron exterminados por el ardor de su cólera. Los castigó de manera extraordinaria: llamas ardientes los devoraron. (Sirácides (Eclesiástico) 45, 19)
Dio esplendor a las fiestas y realzó el brillo de las solemnidades, haciendo que se alabara el nombre del Señor: desde la aurora se oía el canto sagrado. (Sirácides (Eclesiástico) 47, 10)
como el fuego y el aroma del incensario, como un vaso de oro macizo adornado con toda clase de piedras preciosas, (Sirácides (Eclesiástico) 50, 9)
De pie junto al brasero del altar, recibía de manos de los sacerdotes las carnes sacrificadas: sus hermanos formaban una corona a su alrededor como el follaje de los cedros del Líbano, o hacían un círculo en torno a él como troncos de palmeras. (Sirácides (Eclesiástico) 50, 12)
El pueblo entero de un solo golpe se echaba de bruces en el suelo: adoraban al Señor, al Todopoderoso, al Dios Altísimo. (Sirácides (Eclesiástico) 50, 17)
Quiero glorificarte, mi Señor y mi Rey,te bendeciré, oh Dios, mi Salvador,y daré gracias a tu nombre. (Sirácides (Eclesiástico) 51, 1)
Porque te has hecho mi protector, mi apoyoyy no has permitido que se pierda mi cuerpoqque fuera presa de las calumnias,dde las argucias de los mentirosos¡¡Cuando estaba frente a mis acusadoresttú me acompañaste y me libraste (Sirácides (Eclesiástico) 51, 2)
¡Ay, gente pecadora, pueblo cargado de crímenes, raza de malvados, hijos perversos! Han abandonado a Yavé, han despreciado al Santo de Israel. (Isaías 1, 4)
rebeldes y pecadores serán destrozados y aquellos que se alejen de Yavé, perecerán. (Isaías 1, 28)
Ese día, el hombre tirará a los topos y a los murciélagos, los ídolos de oro y de plata que se había hecho para adorarlos, (Isaías 2, 20)