Plan de lectura completo
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En el vigésimo quinto día, vemos sabiduría administrativa y paternal. Génesis 47-48 muestra a José gestionando sabiamente la hambruna en Egipto y a Jacob bendiciendo a los hijos de José, uniendo las manos para dar precedencia a Efraín sobre Manasés. Job 39-40 continúa la respuesta divina, cuestionando a Job sobre las maravillas de la creación animal y desafiándolo a reconocer sus limitaciones ante el Todopoderoso. El Salmo 16 expresa confianza absoluta en Dios como nuestra herencia y porción, declarando que en su presencia hay plenitud de gozo.
1. Llegó, pues, José donde estaba el Faraón con la noticia de que su padre y sus hermanos habían llegado de Canaán con sus rebaños, vacas y demás pertenencias, y que se encontraban en la tierra de Gosén.
2. Después escogió a cinco de sus hermanos y los presentó a Faraón.
3. Este les preguntó: «¿A qué se dedican?» Ellos contestaron: «Nosotros, tus servidores, somos pastores de ovejas, como lo fueron nuestros padres.
4. Hemos venido a vivir en este país porque ya no quedaban pastos para nuestros rebaños, debido a la gran sequía que asola el país de Canaán. Por eso te rogamos que nos permitas vivir en la tierra de Gosén.»
5. Entonces Faraón dijo a José: 6b, «Que vivan en el país de Gosén, y si sabes que entre ellos hay hombres capacitados, ponlos como pastores principales de mis ganados.»
5. Faraón, rey de Egipto supo que Jacob y sus hijos se habían presentado a José en Egipto. Entonces dijo a José: «Tu padre y tus hermanos han venido a ti.
6. Todo el país de Egipto está a tu disposición. Que tu padre y tus hermanos se establezcan en la mejor parte del país.»
7. José trajo después a su padre Jacob y se lo presentó a Faraón. Después que Jacob lo saludó,
8. Faraón le preguntó: «¿Cuántos años tienes?»
9. Jacob respondió: «Los años de mi peregrinación son ciento treinta. Pocos y malos han sido los días de mi vida, y no han llegado a igualar los años de vida de mis padres durante su peregrinación.»
10. Después Jacob volvió a bendecir a Faraón y se retiró de su presencia.
11. osé instaló a su padre y a sus hermanos, y les dio una propiedad en la tierra de Egipto, en el mejor lugar de la comarca de Ramsés, tal como Faraón había ordenado.
12. Y José proveyó lo necesario para vivir a su padre, a sus hermanos y a toda la familia de su padre, teniendo en cuenta el número de sus dependientes.
13. La escasez se hizo más fuerte y no se encontraban alimentos en toda la tierra; Egipto y Canaán estaban agotados por el hambre.
14. Entonces José acaparó toda la plata que había en la tierra de Egipto y de Canaán, a cambio del trigo que compraban, y llevó toda esa plata al palacio de Faraón.
15. Cuando s acabó la plata de Egipto y de Canaán, todos los egipcios comenzaron a llegar donde José para decirle: «Danos pan, ¿acaso nos vas a dejar morir porque se nos terminó el dinero?»
16. José les respondió: «Si no tienen más dinero, denme sus ganados y yo en cambio les daré pan.»
17. Trajeron su ganado a José, y José les dio pan a cambio de sus caballos, ovejas, vacas y burros. De esta manera los abasteció de pan durante ese año a cambio de todos sus ganados.
18. Al año siguiente volvieron donde él diciendo: «No podemos ocultar a nuestro señor que se nos ha terminado el dinero, y que los ganados ya son todos suyos. Tan sólo nos quedan nuestros cuerpos y nuestras tierras.
19. Tú no puedes vernos morir a nosotros y nuestras tierras; compranos, pues, a nosotros y nuestras tierras, a cambio de pan, y seremos nosotros y nuestras tierras propiedad de Faraón. Danos trigo para que no muramos; así viviremos y nuestra tierra no quedará desolada.»
20. De este modo José adquirió para Faraón toda la tierra de Egipto, pues los egipcios tuvieron que vender sus campos, ya que el hambre los apretaba, y la tierra pasó a ser toda de Faraón.
21. En cuanto al pueblo, lo redujo a la servidumbre desde un extremo al otro de Egipto.
22. La única tierra que no compró fue la de los sacerdotes, pues había un decreto de Faraón en favor de ellos, y él debía procurarles el alimento. Por eso no vendieron sus tierras.
23. Entonces José dijo al pueblo: «Ya ven que los he comprado a ustedes y sus tierras para Faraón. Aquí tienen semillas: siembren la tierra.
24. Cuando llegue el tiempo de la cosecha, darán la quinta parte a Faraón y las otras cuatro partes restantes serán para ustedes, como semillas de siembra, y como alimento para ustedes, su familia y los que estén en su casa.»
25. Ellos respondieron: «Puesto que nos has salvado la vida, sírvete aceptarnos como esclavos de Faraón.»
26. Así José impuso como ley, que la quinta parte de los productos de la tierra de Egipto debe ser entregada a Faraón, y esa norma perdura hasta el día de hoy. Sólo las tierras de los sacerdotes no pasaron a poder de Faraón.
27. Los israelitas vivieron en el país de Egipto, en la tierra de Gosén. Tomaron posesión de ella, tuvieron muchos hijos y se multiplicaron en número.
28. Jacob vivió en Egipto diecisiete años de los ciento cuarenta y siete que duró su vida.
29. Y cuando los días de su vida se acercaron a su fin, llamó a su hijo José y le dijo: «Si me aprecias de veras, te ruego que coloques tu mano bajo mi muslo, y me prometas que no me sepultarás en Egipto; en esto reconoceré tu amor y fidelidad.
30. Cuando me haya ido a descansar con mis padres, sácame de Egipto y entiérrame en la tumba de ellos.» José respondió: «Lo haré tal como lo pides.» Insistió Jacob: «¡Júramelo!» Y José se lo juró.
31. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de su cama.
1. Algún tiempo después, avisaron a José de que su padre estaba enfermo. Tomó entonces con él a sus dos hijos, Manasés y Efraím,
2. e hizo anunciar a su padre: «Mira, tu hijo José ha venido a verte.» Israel, haciendo un esfuerzo, se sentó en la cama.
3. Dijo Jacob a José: «El Dios de las Alturas se me apareció en Luz, en el país de Canaán, y me bendijo diciendo:
4. "Mira, yo haré que seas fecundo y que te multipliques. Haré de ti una asamblea de naciones y te daré a ti y a tus descendientes después de ti este país, como una propiedad eterna."
5. Desde ahora, pues, los dos hijos que te han nacido en Egipto antes de llegar yo a este país, serán míos. Efraím y Manasés serán hijos míos, al igual que Rubén y Simeón son hijos míos,
5. Luego bendijo a José diciendo: «Que el Dios ante el cual caminaron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que ha sido mi pastor desde el día en que nací hasta hoy,
6. pero los hijos que has engendrado después. serán tuyos, tanto ellos como su patrimonio serán registrados con los nombres de Efraim y Manasés.
7. También debes saber que cuando yo regresaba de Padán, tu madre Raquel se me murió en el camino, en el país de Canaán, poco antes de llegar a Efratá, y la enterré allí, (en el camino de Efrat, que es Belén).»
8. Al ver Israel a los dos hijos de José, le preguntó: «¿Quiénes son éstos?»
9. José le respondió: «Estos son mis hijos, los que Dios me ha dado aquí.» Y le dijo: «Acércalos, por favor, y los bendeciré.»
10. Israel tenía los ojos debilitados por la vejez y no podía ver. Cuando José se los acercó, él los abrazó y los besó.
11. Israel dijo a José: « Nunca pensé que volvería a verte, y ahora Dios me concede ver incluso a tus descendientes.»
12. José retiró a los hijos de entre las rodillas de su padre y se postró delante de su padre hasta tocar el suelo con la cara.
13. Colocó José a Efraím a su derecha, quedando a la izquierda de Israel, y a Manasés a su izquierda, quedando a la derecha de su padre, y los acercó a él.
14. Israel extendió su mano derecha y la puso sobre la cabeza de Efraím, que era el menor, y así, cruzando las manos, puso su izquierda sobre la cabeza de Manasés a pesar de que era el primogénito.
16. el Angel que me ha librado de todo mal, bendiga a estos muchachos. Que en ellos se perpetúe mi nombre y el nombre de mis padres Abraham e Isaac. Que lleguen a ser muy numerosos en esta tierra.»
17. José vio que su padre tenía puesta su mano derecha sobre la cabeza de Efraím, lo que le disgustó. Tomó, pues, la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraim a la de Manasés
18. y le dijo: «Así no, padre mío, porque éste es mi hijo mayor. Coloca tu mano derecha sobre su cabeza.»
19. Israel se negó y le dijo: «Lo sé, hijo mío, lo sé. Él también se hará pueblo, también él llegará a ser grande, pero su hermano menor será más grande que él y su descendencia formará un familia de pueblos.»
20. Y los bendijo aquel día con estas palabras: «A ustedes los tomarán como ejemplo cuando quieran bendecir a alguno en Israel, y dirán: "Que Dios te haga semejante a Efraím y Manasés".» Así puso a Efraím por delante de Manasés.
21. Después dijo Israel a José: «Yo estoy para morir, pero Dios estará con ustedes y los hará volver a la tierra de sus padres.
22. A ti te dejo algo más que a tus hermanos, me refiero a Siquem que conquisté al amorreo con mi espada y con mi arco.»
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1. ¿Sabes cómo se multiplican las gamuzas y has observado el parto de las ciervas?
2. ¿Has contado los meses de su preñez, sabes la época de su parto?
3. Entonces se acurrucan y paren sus crías. En pleno desierto depositan su camada,
4. y cuando ya sus crías se hacen fuertes y grandes, se marchan y no vuelven más a ellas.
5. ¿Quién dejó en libertad al burro salvaje y soltó sus amarras?
6. Yo le he dado el desierto por morada, y la tierra salitrosa por mansión.
7. El se ríe del tumulto de la ciudad y no escucha los gritos del arriero,
8. explora las montañas en busca de su pasto y de todo lo que es verde.
9. ¿Querrá el búfalo trabajar para ti o pasar la noche en tu pesebre?
10. ¿Podrás amarrarle al cuello con un cordel, para que vaya detrás de ti tapando los surcos?
11. ¿Podrías contar con él por su mucha fuerza y encomendarle lo que a ti te cansa?
12. ¿Estarás seguro que volverá para acarrear las gavillas a tu era?
13. El avestruz tiene unas alas alegres y unas plumas suaves como un plumón.
14. Pero pone sus huevos en la tierra y deja que el calor del suelo los empolle;
15. no se fija en que un pie puede aplastarlos y los animales del campo pueden abrirlos.
16. Ignora a sus pichones como si no fueran suyos, no le importa haberse sacrificado paara nada.
17. Porque Dios lo dejó sin razón y no le dio nada de inteligencia;
18. pero, apenas puede mantenerse en pie, se burla del jinete y de su caballo.
19. ¿Tú das al caballo su fuerza y cubres de crines su cuello?
20. ¿Tú lo haces saltar como langosta? Su fuerte relincho da miedo.
21. Da patadas en el suelo de la pradera, y relinchando con fuerza, se lanza al frente del ejército.
22. Se ríe del miedo y nada lo asusta ni la espada lo hace retroceder.
23. Sobre él resuenan las flechas, el brillo llameante de las lanzas y de los dardos.
24. Temblando de impaciencia devora la distancia y no se para hasta que resuena el clarín.
25. Cuando siente la trompeta relincha, y olfatea de lejos el combate, las órdenes de los jefes y el grito de guerra.
26. ¿Diriges acaso el vuelo del halcón, cuando despliega sus alas hacia el sur?
27. ¿Por orden tuya se eleva el águila y coloca su nido en las alturas?
28. Hace de la roca su mansión nocturna y de un picacho su fortaleza.
29. Desde ahí espia su presa, y sus ojos de lejos la divisan.
30. Alimenta con sangre a sus pichones, llega al instante donde cae un cuerpo.»
1. Yavé reprendió a Job, diciéndole:
2. «El acusador del Poderoso, ¿se da por vencido?o va a replicar el censor de Dios?»
3. Y Job respondió a Yavé:
4. «Hablé con ligereza, ¿qué te contestaré? Prefiero ponerme la mano ante la boca.
5. Hablé una vez... no volveré a hacerlo; dos veces... no añadiré nada.»
6. Yavé contestó a Job en medio de la tempestad, y dijo:
7. «Amárrate los pantalones como hombre, voy a interrogarte y tú me enseñarás:
8. ¿serás tú quien firmará mi sentencia y me condenará para afirmar tus derechos?
9. ¿Tiene tu brazo la fuerza de Dios y sabes tronar como él?
10. Vamos, adórnate con majestad y grandeza, cúbrete de esplendor y de gloria,
11. haz brillar el furor de tu cólera, con una mirada doblega al arrogante.
12. Con una mirada derriba a todo ser soberbio, aplasta, donde se encuentren, a los impíos.
13. Húndelos juntos en el polvo, enciérralos en el calabozo,
14. y yo mismo te felicitaré por haber triunfado por tu propia fuerza.
15. Yo que te hice, hice también a Behemot. Se alimenta de hierba como el buey,
16. pero, ¡mira qué fuerza en sus lomos qué potencia en los músculos de su vientre!
17. Arrisca la cola como un cedro, los nervios de su muslo resaltaan como cables.
18. Sus huesos son barras de acero, duras sus costillas como hierro forjado.
19. Es la primera de las obras de Dios, que lo hizo soberano de sus compañeros.
20. Desde el monte en que las bestias se entretienen, todas le llevan su tributo.
21. Fue a descansar bajo los lotos; escondido en los cañaverales del pantano,
22. las ramas del loto le dan sombra y los sauces del torrente lo protegen.
23. Si el río crece, no se asusta; el agua le llega hasta el hocico, y él se queda tranquilo.
24. ¿Quién se atreverá a herirle los ojos y ponerle una argolla en las narices?
25. Y a Leviatán, ¿lo pescas tú con anzuelo, y con una cuerda lo sujetas de la lengua?
26. ¿Le atraviesas las narices con una caña, o con un gancho lo sacarás de las quijadas?
27. ¿Acaso te hará largas súplicas y te hablará con timidez?
28. ¿Se comprometerá contigo en un contrato para servirte toda su vida?
29. ¿Te entretendrá como un pajarillo, lo atarás para gozo de tus hijas?
30. ¿Habrá gente para hacer dinero de su carne y venderla a los comerciantes?
31. ¿Acribillarás su piel con flechas, y clavarás un arpón en su cabeza?
32. Si colocas tu mano sobre él, ¡mira qué lucha!, no volverás a comenzar.
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2. Guárdame, oh Dios, pues me refugio en ti. Yo le he dicho: "Tú eres mi Señor, no hay dicha para mí fuera de ti.
3. Los dioses del país son sólo mugre, ¡malditos sean los que los escogen
4. y que corren tras ellos! Tan sólo penas cosecharán. No les ofreceré libaciones de sangre ni llevaré sus nombres a mis labios.
5. El Señor es la herencia que me toca y mi buena suerte: ¡guárdame mi parte!
6. El cordel repartidor me dejó lo mejor, ¡magnífica yo encuentro mi parcela!
7. Yo bendigo al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye mi conciencia.
8. Ante mí tengo siempre al Señor, porque está a mi derecha jamás vacilaré.
9. Por eso está alegre mi corazón, mis sentidos rebosan de júbilo y aún mi carne descansa segura:
10. pues tú no darás mi alma a la muerte, ni dejarás que se pudra tu amigo.
11. Me enseñarás la senda de la vida, gozos y plenitud en tu presencia, delicias para siempre a tu derecha.
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"Invoquemos sempre o auxílio de Nossa Senhora." São Padre Pio de Pietrelcina