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En el día noventa y ocho, 1 Samuel 6-8 presenta la llegada del arca de la alianza y los desafíos del liderazgo de Samuel sobre Israel. El Salmo 86 nos recuerda que debemos recurrir a Dios con humildad, confiando en su misericordia y amor eterno en medio de las dificultades.
1. Estuvo, pues, el Arca de Yavé en el país de los filisteos, por espacio de siete meses.
2. Los filisteos llamaron a sus sacerdotes y adivinos y les preguntaron: «¿Qué debemos hacer con el Arca de Yavé? Dígannos cómo debemos devolverla a su lugar.»
3. Ellos respondieron: «Si quieren devolver el Arca, no se la devuelvan así no más, sino que ofrezcan, al mismo tiempo, un sacrificio de reparación. Así recobrarán ustedes la salud y sabrán por qué Dios los castigó tanto.»
4. Ellos dijeron: «¿Qué reparación debemos ofrecer?» Y los sacerdotes respondieron:
5. «Hagan cinco tumores de oro y cinco ratas de oro, de acuerdo al número de los distritos de los filisteos, ya que todos ustedes con sus jefes han sufrido la misma plaga. Hagan imágenes de sus tumores y de los ratones que arruinan el país, y den gloria al Dios de Israel. A ver si, con esto, deja de castigarlos a ustedes, a sus dioses y a su tierra.
6. Pero no endurezcan sus corazones, como los endurecieron los egipcios y el faraón. ¿No tuvieron que dejar partir a Israel, después que Dios los castigó con varias plagas?
7. Ahora, pues, manos a la obra y construyan una carreta nueva y enyuguen a ella dos vacas que estén criando y que no hayan llevado yugo, y encierren en el establo sus terneritos.
8. Tomen después el Arca de Yavé y pónganla en la carreta. Coloquen a su lado, en un cofre, las figuras de oro que le han ofrecido como reparación.
9. Después, déjenla marchar. Y fíjense: si toma el camino de su país, hacia Bet-Semes, sepan que es el Dios de Israel quien nos ha causado esta gran calamidad; si no, sabremos que no ha sido su mano la que nos ha castigado y que todo esto nos ha pasado por casualidad.»
10. Así lo hicieron: tomaron dos vacas que estaban criando, las enyugaron a la carreta y encerraron sus terneritos en el establo.
11. Colocaron en la carreta el Arca de Dios con el cofre que contenía los ratones y las imágenes de oro.
12. Entonces las vacas se dirigieron derecho por el camino que sube a Bet-Semes y siguieron la ruta mugiendo, sin desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. Los jefes de los filisteos las siguieron hasta llegar al territorio de Bet-Semes.
13. Los de Bet-Semes estaban segando el trigo en el valle cuando vieron que se acercaba el Arca. Salieron a su encuentro muy contentos.
14. Al llegar la carreta al campo de Josué, de Bet-Semes, se detuvo; había allí una gran piedra. Astillaron la madera de la carreta y sacrificaron encima las vacas, como víctimas quemadas en honor a Yavé.
15. Mientras tanto los levitas habían bajado el Arca de Dios y el cofre que estaba a su lado, que contenía los objetos de oro, y colocaron todo sobre la gran piedra. Los de Bet-Semes ofrecieron aquel día sacrificios a Yavé,
16. mientras que los cinco jefes filisteos, después de comprobar lo sucedido, se volvieron el mismo día a Acarón.
17. Las ciudades de los filisteos que ofrecieron los tumores de oro en reparación a Yavé son éstas: Asdod, Gaza, Ascalón, Gat y Acarón;
18. y además había tantos ratones de oro como ciudades filisteas bajo la autoridad de los cinco jefes, desde las ciudades fortificadas hasta las aldeas que no tienen muros. Prueba de esto, hasta el día de hoy, es la gran piedra en la que se colocó el Arca de Yavé, que está en el campo de Josué de Bet-Semes.
19. En Bet-Semes Yavé hizo perecer a setenta personas que se atrevieron a mirar el Arca. Al ver esto, todo el pueblo se apenó mucho.
20. Dijeron entonces los habitantes de Bet-Semes: «¿Quién podrá quedarse en presencia de Yavé, el Dios Santo?» «¿A dónde podríamos enviar el Arca?»
21. Mandaron decir a los habitantes de Cariatiarim: «Los filisteos devolvieron el Arca de Yavé. Bajen aquí y llévensela.»
1. Vinieron los habitantes de Cariatiarim por el Arca de Yavé y la colocaron en la casa de Abinadab, en la loma, y consagraron a su hijo Eleazar para que la cuidase.
2. Desde el día en que el Arca quedó instalada en Cariatiarim, transcurrieron veinte largos años, durante los cuales el pueblo de Israel gemía y suplicaba a Yavé.
3. Entonces Samuel se dirigió al pueblo diciéndoles: «Si ustedes vuelven a Yavé con sinceridad, quiten de en medio de ustedes los dioses extranjeros y las imágenes de los Baales y Astartés. Mientras ustedes permanezcan fieles a Yavé, sirviéndole sólo a él, Yavé los librará de los filisteos.
4. Los israelitas, pues, expulsaron los Baales y las Astartés y se pusieron a servir sólo a Yavé.
5. Samuel dijo: «Reúnan a todo Israel en Mizpá y yo rogaré a Yavé por ustedes.»
6. Se reunieron en Mizpá, derramaron agua ante Yavé, ayunaron durante ese día y dijeron: «Hemos pecado contra Yavé.» Y fue Samuel quien dirigió esta asamblea de los israelitas en Mizpá.
7. Cuando los filisteos supieron que los israelitas se habían reunido en Mizpá, los jefes de sus cinco ciudades subieron a Israel para atacarlo. Los israelitas, a su vez, tuvieron miedo
8. y dijeron a Samuel: «No dejes de invocar a Yavé, nuestro Dios, para que él nos salve de los filisteos.»
9. Samuel tomó entonces un cordero lechón y lo ofreció en sacrificio a Yavé, suplicándole por el pueblo; y Yavé lo escuchó.
10. En el mismo momento en que Samuel ofrecía el sacrificio, los filisteos se lanzaron al ataque contra Israel. Pero la voz de Yavé resonó como un trueno en medio de los filisteos, cundió el pánico entre ellos y fueron vencidos por los hombres de Israel.
11. Estos persiguieron a los filisteos, desde Mizpá hasta más abajo de Betcar.
12. Samuel tomó entonces una piedra y la puso entre Mizpá y Jesana y dio a aquel lugar el nombre de Ebena-Ezer, es decir, «piedra del socorro», diciendo: «Hasta aquí nos ha socorrido Yavé.»
13. Después de esta derrota los filisteos no se atrevieron a invadir más el territorio de Israel. Así la mano de Yavé se hizo sentir contra los filisteos mientras vivió Samuel:
14. las ciudades que habían tomado a los israelitas fueron devueltas a Israel, desde Acarón hasta Gat; Israel liberó su territorio del dominio de los filisteos. También hubo paz entre Israel y los amorreos.
15. Samuel fue juez de Israel mientras vivió. Cada año hacía un recorrido por Betel,
16. Guilgal y Mizpá, juzgando a Israel en todos esos lugares,
17. y después se volvía a Ramá, donde tenía su casa. Allí juzgaba a Israel y también edificó un altar a Yavé.
1. Cuando Samuel llegó a anciano, dejó a sus hijos como jueces de Israel.
2. El mayor de sus hijos se llamaba Joel y el otro se llamaba Abías, y juzgaban en Bersebá.
3. Pero no fueron igual que su padre. Buscaban el dinero, aceptaban regalos y violaban la justicia.
4. Se reunieron, pues, los jefes de Israel y fueron a Ramá, donde estaba Samuel,
5. y le dijeron: «Tú ya estás viejo y tus hijos no siguen tus ejemplos. Pues bien, danos un rey para que nos gobierne, como hacen los reyes en todos los países.»
6. A Samuel no le gustó nada que le hubieran dicho: «Danos un rey para que nos gobierne»; e invocó a Yavé. Y Yavé dijo a Samuel: «Dale a tu pueblo lo que te pide.
7. Pues no te rechazan a ti, sino que es a mí a quien han rechazado para que no reine sobre ellos.
8. Te tratan a ti como me han tratado a mí desde el día en que los saqué de Egipto hasta hoy. Pues sabes cómo me abandonaron para ir tras otros dioses.
9. Escucha, sin embargo, su petición y les dirás cuáles son los derechos del rey que los va a gobernar.»
10. Samuel transmitió al pueblo que le había pedido un rey todo lo que le había dicho Yavé.
11. Les dijo: «Miren lo que les va a exigir su rey: les tomará a sus hijos y los destinará a su carro y a sus caballos, o también los hará correr delante de su propio carro;
12. los empleará como jefes de mil y como jefes de cincuenta; los hará labrar y cosechar sus tierras; los hará fabricar sus armas y los aperos de sus caballos;
13. les tomará sus hijas para peluqueras, cocineras y panaderas;
14. a ustedes les tomará sus campos, sus viñas y sus mejores olivares y se los dará a sus oficiales;
15. les tomará la décima parte de sus sembrados y de sus viñas para sus funcionarios y servidores;
16. les tomará sus sirvientes, sus mejores bueyes y burros y los hará trabajar para él,
17. a ustedes les sacará la décima parte de sus rebaños y ustedes mismos serán sus esclavos.
18. Ese día se lamentarán del rey que hayan elegido, pero Yavé ya no les responderá.»
19. El pueblo no quiso escuchar a Samuel y dijo: «¡No! Tendremos un rey y nosotros seremos también como los demás pueblos:
20. nuestro rey nos dirigirá e irá al frente de nosotros en nuestros combates.»
21. Oyó Samuel todas las palabras de su pueblo y las repitió a los oídos de Yavé. Pero Yavé dijo a Samuel: «Hazles caso y dales un rey.»
22. Samuel dijo entonces a todos los hombres de Israel: «Vuelva cada uno a su ciudad.»
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1. Escúchame, Señor, y respóndeme, pues soy pobre y desamparado;
2. si soy tu fiel, vela por mi vida, salva a tu servidor que en ti confía.
3. Tú eres mi Dios; piedad de mí, Señor, que a ti clamo todo el día.
4. Regocija el alma de tu siervo, pues a ti, Señor, elevo mi alma.
5. Tú eres, Señor, bueno e indulgente, lleno de amor con los que te invocan.
6. Señor, escucha mi plegaria, pon atención a la voz de mis súplicas.
7. A ti clamo en el día de mi angustia, y tú me responderás.
8. Nadie como tú, Señor, entre los dioses y nada que a tus obras se asemeje.
9. Todos los paganos vendrán para adorarte y darán, Señor, gloria a tu nombre.
10. Porque eres grande y haces maravillas, tú solo eres Dios.
11. Tus caminos enséñame, Señor, para que así ande en tu verdad; unifica mi corazón con el temor a tu nombre.
12. Señor, mi Dios, de todo corazón te daré gracias y por siempre a tu nombre daré gloria,
13. por el favor tan grande que me has hecho: pues libraste mi vida del abismo.
14. Oh Dios, me echan la culpa los soberbios, una banda de locos busca mi muerte, y son gente que no piensan en ti.
15. Mas tú, Señor, Dios tierno y compasivo, lento para enojarte, lleno de amor y lealtad,
16. vuélvete a mí y ten piedad de mí, otórgale tu fuerza a tu servidor y salva al hijo de tu sierva,
17. y para mi bien haz un milagro. Humillados verán mis enemigos que tú, Señor, me has ayudado y consolado.
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"O amor e o temor devem sempre andar juntos. O temor sem amor torna-se covardia; o amor sem temor torna-se presunção." São Padre Pio de Pietrelcina