Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el vigésimo séptimo día, iniciamos una nueva era en la historia de Israel. Éxodo 1-2 relata cómo los israelitas se multiplicaron en Egipto, la cruel opresión del faraón y el providencial nacimiento de Moisés, quien fue salvado del agua y criado en el palacio. Levítico 1 presenta las leyes sobre los holocaustos, mostrando cómo Israel debe acercarse a un Dios santo. El Salmo 44 es un lamento comunitario que recuerda las victorias pasadas de Dios mientras clama por la liberación presente, reflejando a la perfección la situación de Israel en Egipto.

Capítulo 1

1. Estos son los nombres de los hijos de Israel que llegaron con Jacob a Egipto, cada uno con su familia:

2. Rubén, Simeón, Leví, Judá,

3. Isacar, Zabulón, Benjamín,

4. Dan, Neftalí, Gad y Aser.

5. El número de estos descendientes de Jacob era de setenta personas. Además José, que estaba ya en Egipto.

6. Murió José, y también sus hermanos y toda aquella generación,

7. mientras los hijos de Israel seguían siendo muy fecundos. Se multiplicaron y crecieron, llegando a ser tan numerosos que los había en todo el país.

8. Entró a gobernar en Egipto un nuevo rey, que no sabía nada de José, y dijo a su pueblo:

9. «Miren que los hijos de Israel forman un pueblo más numeroso y fuerte que nosotros.

10. Tomemos precauciones contra él para que no siga multiplicándose, no vaya a suceder, que si estalla una guerra, se una a nuestros enemigos para luchar contra nosotros y escapar del país.»

11. Les pusieron entonces capataces a los israelitas, para sobrecargarlos con duros trabajos. Edificaron así para Faraón las ciudades de almacenamiento: Pitom y Ramsés.

12. Pero cuanto más los oprimían, tanto más crecían y se multiplicaban, de tal modo que la gente ya no soportaba a los israelitas.

13. Los egipcios trataron con brutalidad a los Israelitas y los redujeron a esclavitud.

14. Les amargaron la vida con duros trabajos de arcilla y ladrillos, con toda clase de labores campesinas y toda clase de servidumbres que les imponían por la fuerza.

15. Luego el rey de Egipto se dirigió a las parteras de las hebreas, una de las cuales se llamaba Sifrá y la otra Púa; les dijo:

16. «Cuando asistan a las hebreas, y ellas se pongan de cuclillas sobre las dos piedras, fíjense bien: si es niño, háganlo morir; y si es niña, déjenla con vida.»

17. Pero las parteras temían a Dios, y no hicieron lo que les había mandado el rey de Egipto, sino que dejaron con vida a los niños.

18. Entonces el rey llamó a las parteras y les dijo: «¿Por qué han actuado así, dejando con vida a los niños?»

19. Las parteras respondieron: «Es que las mujeres hebreas no son como las egipcias. Son más robustas y dan a luz antes de que llegue la partera.»

20. Dios estaba con las parteras, así que el pueblo creció y llegó a ser muy fuerte;

21. y a las parteras, por haber temido a Dios, les concedió numerosa descendencia.

22. Entonces Faraón dio esta orden a todo el pueblo: «Echen al río a todo niño nacido de los hebreos, pero a las niñas déjenlas con vida.»

Capítulo 2

1. Un hombre de la tribu de Leví se casó con una niña de su misma tribu.

2. La mujer quedó esperando y dio a luz un hijo, y viendo que era hermoso, lo tuvo escondido durante tres meses.

3. Como no podía ocultarlo por más tiempo, tomó un canasto de papiro, lo recubrió con alquitrán y brea, metió en él al niño y lo puso entre los juncos, a la orilla del río Nilo.

4. La hermana del niño se quedó a cierta distancia para ver lo que le pasaba.

5. En eso bajó la hija de Faraón al Nilo, y se bañó mientras sus sirvientas se paseaban por la orilla del río. Al divisar el canasto entre los juncos, envió a una criada a buscarlo.

6. Lo abrió y vio que era un niño que lloraba. Se compadeció de él y exclamó: «¡Es un niño de los hebreos!»

7. Entonces la hermana dijo a la hija de Faraón: «Si quieres, yo buscaré entre las hebreas, y me pondré al habla con una nodriza para que te críe este niño.»

8. «¡Ve!», le contestó la hija de Faraón.

9. Así que la joven fue y llamó a la madre del niño. La hija de Faraón le dijo: «Toma este niño y críamelo, que yo te pagaré.» Y la mujer tomó al niñito para criarlo.

10. Habiendo crecido el niño, ella lo llevó a la hija de Faraón, y pasó a ser para ella como su hijo propio. Ella lo llamó Moisés, pues, dijo, «lo he sacado de las aguas.»

11. Tiempo después, siendo Moisés ya mayor, se preocupó por sus hermanos y entonces fue cuando comprobó sus penosos trabajos. Le tocó ver cómo un egipcio golpeaba a un hebreo, a uno de sus hermanos.

12. Miró a uno y otro lado, y como no viera a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.

13. Al día siguiente salió de nuevo, y esta vez dos hebreos estaban peleando. Moisés dijo al culpable: «¿Por qué le pegas a tu compañero?»

14. Y él le contestó: «¿Quién te ha puesto de jefe y juez sobre nosotros? ¿Y por qué no me matas como mataste al egipcio?» Moisés tuvo miedo, pues pensó: «Este asunto ya se sabe.»

15. De hecho, le llegó la noticia a Faraón y buscó a Moisés para matarlo, pero Moisés huyó de la presencia de Faraón y se fue a vivir al país de Madián. Allí se sentó junto a un pozo.

16. Vinieron una niñas para sacar agua, eran las siete hijas de un sacerdote de Madián. Como llenaran las piletas para dar de beber a las ovejas de su padre,

17. llegaron unos pastores y las echaron. Entonces Moisés salió en su defensa, y dio de beber al rebaño.

18. Al volver ellas donde su padre Ragüel, éste les dijo: «¿Cómo es que hoy han venido tan pronto?»

19. Ellas contestaron: «Un egipcio nos ha defendido de los pastores y además nos sacó agua y dio de beber al rebaño.»

20. Ragüel preguntó: «¿Y dónde está? ¿Por qué no han traido aquí este hombre? Díganle que venga a comer.»

21. Moisés aceptó quedarse con aquel hombre, quien le dio por esposa a su hija Séfora.

22. Y como diera a luz un hijo, Moisés lo llamó Guersón, pues dijo: Soy forastero en tierra extraña.

23. Durante este largo período murió el rey de Egipto. El pueblo de Israel sufría bajo la esclavitud. Gritaban, y su grito subía desde los lugares de trabajo hasta Dios.

24. Oyó Dios sus lamentos, y se acordó de su alianza con Abraham, Isaac y Jacob.

25. Y miró Dios con bondad a los hijos de Israel, y los atendió.

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1. Yavé llamó a Moisés y le habló así, desde la Tienda de las Citas divinas: «Esto tienes que decir a los hijos de Israel:

2. Cuando alguno de ustedes presente a Yavé una ofrenda de animales, esta ofrenda podrá ser de ganado mayor o menor.

3. Si quiere ofrecer un holocausto, es decir una víctima totalmente quemada, presentará a la entrada de la Tienda de las Citas el macho sin defecto que haya escogido, y así su sacrificio será agradable a Yavé.

4. Pondrá su mano sobre la cabeza de la víctima, para que Yavé se la reciba para perdón de sus pecados.

5. Sacrificará el novillo delante de Yavé y los sacerdotes, hijos de Aarón, ofrecerán la sangre derramándola sobre el altar que está a la entrada de la Tienda de las Citas, y todo en derredor.

6. Entonces desollarán la víctima y la despedazarán;

7. luego los hijos del sacerdote Aarón pondrán fuego en el altar y colocarán leña sobre el fuego;

8. acomodarán los trozos con la cabeza y las grasas encima de la leña colocada sobre el fuego del altar.

9. Lavarán con agua las entrañas y las patas, y el sacerdote lo quemará todo en el altar. Así es el holocausto, y es un sacrificio por el fuego cuyo suave olor apacigua a Yavé.

10. Si alguien ofrece ganado menor, corderos o cabras, también ofrecerá un macho sin defecto.

11. Lo sacrificarán ante Yavé, al lado norte del altar; los sacerdotes derramarán la sangre en el altar y en todo su derredor.

12. Luego lo despedazarán en porciones y el sacerdote lo dispondrá con la cabeza y el sebo encima de la leña colocada sobre el fuego del altar.

13. Lavarán con agua las entrañas y las patas y el sacerdote lo ofrecerá y lo quemará en el altar. Así es el holocausto, y es un sacrificio por el fuego cuyo suave olor apacigua a Yavé.

14. Si se ofrece a Yavé un holocausto de aves, presentarán tórtolas o pichones.

15. El sacerdote presentará la víctima en el altar, le retorcerá la cabeza y la quemará sobre el altar; la sangre la exprimirá sobre la pared del altar.

16. Le quitará el buche y las plumas y las arrojará a las cenizas, al lado oriental del altar.

17. Se abrirá el ave entre las alas, sin partirla. El sacerdote la quemará en el altar encima de la leña colocada sobre el fuego. Así es el holocausto, y es un sacrificio por el fuego cuyo suave olor apacigua a Yavé.»

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2. Lo escuchamos, oh Dios, con nuestros oídos y nos lo transmitieron nuestros padres: las hazañas que en su época tú hiciste, con tu propia mano, en otros tiempos.

3. Para implantarlos, expulsaste a naciones y para extenderlos, maltraste a pueblos.

4. No conquistó al país su propia espada, ni su brazo los hizo vencedores, sino que fueron tu diestra y tu brazo y la luz de tu rostro, porque los amabas.

5. Tú, mi rey y mi Dios es quien decide las victorias de Jacob.

6. Por ti hundimos a nuestros adversarios y en tu nombre pisamos a nuestros agresores.

7. No es mi arco en quien yo confío, ni es mi espada quien me da la victoria;

8. mas por ti vencemos a nuestros adversarios, tú dejas en vergüenza a los que nos odian.

9. A Dios cada día celebramos y sin cesar alabamos tu nombre.

10. Ahora, en cambio, nos rechazas y humillas y no sales al frente de nuestras tropas.

11. Nos haces ceder ante el adversario y los que nos odian saquean a gusto.

12. Nos entregas como ovejas a la matanza, y nos dispersas en medio de las naciones.

13. Vendes a tu pueblo por un precio irrisorio y no ganas nada con tu negocio.

14. Nos haces el escarnio de nuestros vecinos, todos en derredor se burlan y se ríen.

15. Servimos de escarmiento a las naciones, y los pueblos menean la cabeza.

16. Tengo siempre delante mi deshonra y enrojece mi rostro la vergüenza

17. al oír los insultos y blasfemias, al ver el odio y la venganza.

18. Todo esto nos pasó sin que nosotros te olvidáramos o rompiéramos tu alianza.

19. No se dio vuelta nuestro corazón ni dejaron tu senda nuestros pasos.

20. Pero nos aplastaste en el desierto, y nos cubrió la sombra de la muerte.

21. Si hubiéramos olvidado el nombre de nuestro Dios tendiendo las manos hacia un dios extranjero,

22. ¿no es cierto que Dios lo hubiera visto, el que conoce los secretos del corazón?

23. Por tu causa nos matan a cada rato, y nos vemos como ovejas ante el cuchillo.

24. Despiértate, ¿por qué duermes, Señor? ¡Levántate y ven a socorrernos!

25. ¿Por qué escondes tu cara? ¿olvidas nuestra opresión, nuestra miseria?

26. Nos arrastramos por el polvo y a la tierra se pega nuestro vientre.

27. ¡Levántate, Señor, y socórrenos, acuérdate de tu bondad y líbranos!

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"Na igreja se fala somente com Deus." São Padre Pio de Pietrelcina