Plan de lectura completo
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
En el día 325, Hechos 4 nos muestra la valentía de los apóstoles al predicar la Palabra incluso bajo persecución. Romanos 6-7 explica la lucha contra el pecado y la nueva vida en Cristo. Proverbios 27:4-6 nos enseña que la verdadera amistad puede incluir una reprensión sincera y que el amor sincero no rehúye la corrección necesaria.
1. Pedro y Juan estaban aún hablando al pueblo, cuando se presentaron los sacerdotes, el jefe de la guardia del Templo y los saduceos;
2. toda esa gente se sentía muy molesta porque enseñaban al pueblo y afirmaban la resurrección de los muertos a propósito de Jesús.
3. Los apresaron y los pusieron bajo custodia hasta el día siguiente, pues ya estaba anocheciendo.
4. Pero muchos de los que habían oído la Palabra creyeron, y su número llegó a unos cinco mil hombres.
5. Al día siguiente, los jefes de los saduceos se reunieron con los ancianos y los maestros de la Ley de Jerusalén.
6. Allí estaban el sumo sacerdote Anás, Caifás, Jonatán, Alejandro y todos los que pertenecían a la alta clase sacerdotal.
7. Mandaron traer a Pedro y Juan ante ellos y empezaron a interrogarles: «¿Con qué poder han hecho ustedes eso? ¿A qué ser celestial han invocado?»
8. Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: «Jefes del pueblo y Ancianos:
9. Hoy debemos responder por el bien que hemos hecho a un enfermo. ¿A quién se debe esa sanación?
10. Sépanlo todos ustedes y todo el pueblo de Israel: este hombre que está aquí sano delante de ustedes ha sido sanado por el Nombre de Jesucristo el Nazareno, al que ustedes crucificaron, pero que Dios ha resucitado de entre los muertos.
11. El es la piedra que ustedes los constructores despreciaron, y que se ha convertido en piedra angular.
12. No hay salvación en ningún otro, pues bajo el cielo no se ha dado a los hombres ningún otro Nombre por el que debamos ser salvados.»
13. Quedaron admirados al ver la seguridad con que hablaban Pedro y Juan, que eran hombres sin instrucción ni preparación, pero sabían que habían estado con Jesús.
14. Los jefes veían al hombre que había sido sanado allí, de pie a su lado, de modo que nada podían decir contra ellos.
15. Mandaron, pues, que los hicieran salir del tribunal mientras deliberaban entre ellos. Decían:
16. «¿Qué vamos a hacer con estos hombres? Todos los habitantes de Jerusalén saben que han hecho un milagro clarísimo, y nosotros no podemos negarlo.
17. Pero prohibámosles que hablen más de ese Nombre ante ninguna persona, no sea que esto se extienda entre el pueblo.»
18. Llamaron, pues, a los apóstoles y les ordenaron que de ningún modo enseñaran en el nombre de Jesús, que ni siquiera lo nombraran.
19. Pedro y Juan les respondieron: «Juzguen ustedes si es correcto delante de Dios que les hagamos caso a ustedes, en vez de obecedecer a Dios.
20. Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído.»
21. Insistieron ellos en sus amenazas, y los dejaron en libertad. No encontraron manera de castigarlos a causa del pueblo,
22. pues todos glorificaban a Dios por lo que había sucedido, sabiéndose además que el hombre milagrosamente sanado tenía más de cuarenta años.
23. Apenas quedaron libres, Pedro y Juan fueron a los suyos y les contaron todo lo que les habían dicho los jefes de los sacerdotes y los ancianos.
24. Los escucharon, y después todos a una elevaron su voz a Dios, diciendo: «Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos.
25. Tú, por el Espíritu Santo, pusiste en boca de tu siervo David estas palabras: ¿Por qué se agitan las naciones y los pueblos traman planes vanos?
26. Se han aliado los reyes de la tierra y los príncipes se han unido contra el Señor y contra su Mesías.
27. Es verdad que en esta ciudad hubo una conspiración de Herodes con Poncio Pilato, los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste.
28. Pero solamente consiguieron lo que tú habías decidido y llevabas a efecto.
29. Y ahora, Señor, fíjate en sus amenazas; concede a tus siervos anunciar tu Palabra con toda valentía,
30. mientras tú manifiestas tu poder y das grandes golpes, realizando curaciones, señales y prodigios por el Nombre de tu santo siervo Jesús.»
31. Terminada la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a anunciar con valentía la Palabra de Dios.
32. La multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba como propios sus bienes, sino que todo lo tenían en común.
33. Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder, y aquél era para todos un tiempo de gracia excepcional.
34. Entre ellos ninguno sufría necesidad, pues los que poseían campos o casas los vendían, traían el dinero
35. y lo depositaban a los pies de los apóstoles, que lo repartían según las necesidades de cada uno.
36. Así lo hizo José, un levita nacido en Chipre, a quien los apóstoles llamaban Bernabé (que quiere decir: "El Animador").
37. Éste vendió un campo de su propiedad, trajo el dinero de la venta y lo puso a los pies de los apóstoles.
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
1. ¿Qué conclusión sacaremos? ¿Continuaremos pecando para que la gracia venga más abundante? ¡Por supuesto que no!
2. Si hemos muerto al pecado, ¿cómo volveremos a vivir en él?
3. Como ustedes saben, todos nosotros, al ser bautizados en Cristo Jesús, hemos sido sumergidos en su muerte.
4. Por este bautismo en su muerte fuimos sepultados con Cristo, y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros empezamos una vida nueva.
5. Una representación de su muerte nos injertó en él, pero compartiremos también su resurrección.
6. Como ustedes saben, el hombre viejo que está en nosotros ha sido crucificado con Cristo. Las fuerzas vivas del pecado han sido destruidas para que no sirvamos más al pecado.
7. Hemos muerto, ¿no es cierto? Entonces ya no le debemos nada.
8. Pero si hemos muerto junto a Cristo, debemos creer que también viviremos con él.
9. Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; desde ahora la muerte no tiene poder sobre él.
10. Así, pues, hay una muerte y es un morir al pecado de una vez para siempre. Y hay un vivir que es vivir para Dios.
11. Así también ustedes deben considerarse a sí mismos muertos para el pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
12. No dejen que el pecado tenga poder sobre este cuerpo -¡es un muerto!- y no obedezcan a sus deseos.
13. No le entreguen sus miembros, que vendrían a ser como malas armas al servicio del pecado. Por el contrario, ofrézcanse ustedes mismos a Dios, como quienes han vuelto de la muerte a la vida, y que sus miembros sean como armas santas al servicio de Dios.
14. El pecado ya no los volverá a dominar, pues no están bajo la Ley, sino bajo la gracia.
15. Díganme: el hecho de que ya no estemos bajo la Ley sino bajo la gracia, ¿nos autoriza a pecar? Claro que no.
16. Si se entregan a alguien como esclavos, pasan a ser sus esclavos y obedecen sus órdenes, ¿no es así? Si ese dueño es el pecado, irán a la muerte, mientras que obedeciendo a la fe, alcanzarán una vida santa.
17. Así, pues, demos gracias a Dios, porque antes tenían como dueño al pecado, pero han obedecido de todo corazón a esa doctrina a la cual se han entregado.
18. Y, liberados del pecado, se hicieron esclavos del camino de justicia.
19. Ven que uso figuras muy humanas, pues tal vez les cueste entender. Hubo un tiempo en que llevaron una vida desordenada e hicieron de sus cuerpos los esclavos de la impureza y del desorden; conviértanlos ahora en servidores de la justicia verdadera, para llegar a ser santos.
20. Cuando eran esclavos del pecado, se sentían muy libres respecto al camino de justicia.
21. Pero con todas esas cosas de las que ahora se avergüenzan, ¿cuál ha sido el fruto? Al final está la muerte.
22. Ahora, en cambio, siendo libres del pecado y sirviendo a Dios, trabajan para su propia santificación, y al final está la vida eterna.
23. El pecado paga un salario y es la muerte. La vida eterna, en cambio, es el don de Dios en Cristo Jesús, nuestro Señor.
1. Les hablaré, hermanos, como a gente instruida en la Ley. Ustedes saben que la Ley tiene autoridad sobre las personas solamente mientras viven.
2. La mujer casada, por ejemplo, está ligada por ley a su marido mientras éste vive. En cuanto muere el marido, ya no tiene obligaciones hacia él.
3. Mientras éste vivía, cometía un adulterio entregándose a otro; pero muerto el esposo, queda libre de sus deberes, y si se entrega a otro hombre, no será un adulterio.
4. Lo mismo pasa con ustedes, hermanos, pues han muerto a la Ley en la persona de Cristo, y han pasado a pertenecer a otro, al que resucitó de entre los muertos, a fin de que diéramos fruto para Dios.
5. Cuando no éramos más que «carne», la Ley estimulaba las pasiones propias del pecado, que actuaban en nuestro cuerpo produciendo frutos de muerte.
6. Pero ahora hemos muerto a lo que nos tenía aprisionados, y la Ley ya no vale para nosotros. Ya no estamos sirviendo a una ley escrita, cosa propia del pasado, sino al Espíritu: esto es lo nuevo.
7. ¿Qué significa esto? ¿Que la Ley es pecado? De ninguna manera. Pero yo no habría conocido el pecado si no fuera por la Ley. Yo no tendría conciencia de lo que es codiciar si la Ley no me hubiera dicho: «No codiciarás».
8. El pecado encontró ahí su oportunidad y se aprovechó del precepto para despertar en mí toda suerte de codicias, mientras que sin ley, el pecado es cosa muerta.
9. Hubo un tiempo en que no había Ley, y yo vivía. Pero llegó el precepto, dio vida al pecado,
10. y yo morí. Así, pues, el precepto que había sido dado para la vida me trajo la muerte.
11. El pecado se aprovechó del precepto y me engañó, para que después el precepto me causara la muerte.
12. Pero la Ley es santa, y también es santo, justo y bueno el precepto.
13. ¿Será posible que algo bueno produzca en mí la muerte? En absoluto. Esto viene del pecado, y se ve mejor lo que es el pecado cuando se vale de algo bueno para producir en mí la muerte. Gracias al precepto, el pecado deja ver toda la maldad que lleva en sí.
14. Sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy hombre de carne y vendido al pecado.
15. No entiendo mis propios actos: no hago lo que quiero y hago las cosas que detesto.
16. Ahora bien, si hago lo que no quiero, reconozco que la Ley es buena.
17. No soy yo quien obra el mal, sino el pecado que habita en mí. Bien sé que el bien no habita en mí, quiero decir, en mi carne.
18. Puedo querer hacer el bien, pero hacerlo, no.
19. De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero.
20. Por lo tanto, si hago lo que no quiero, eso ya no es obra mía sino del pecado que habita en mí.
21. Ahí me encuentro con una ley: cuando quiero hacer el bien, el mal se me adelanta.
22. En mí el hombre interior se siente muy de acuerdo con la Ley de Dios,
23. pero advierto en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi espíritu, y paso a ser esclavo de esa ley del pecado que está en mis miembros.
24. ¡Infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo, o de esta muerte?
25. ¡Gracias sean dadas a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor! En resumen: por mi conciencia me someto a la Ley de Dios, mientras que por la carne sirvo a la ley del pecado.
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
4. La cólera es cruel, el furor tiene sus excesos, pero ¿quién puede hacer frente a la envidia?
5. Más vale una reprensión franca que rencores disimulados.
6. El que te quiere te aporrea; el enemigo te abraza hipocritamente.
Descarga la guía con todas las lecturas organizadas por día y sigue tu progreso a lo largo del año
"Mesmo a menor transgressão às leis de Deus será levada em conta." São Padre Pio de Pietrelcina