Mosaico decorativo

Biblia en un año.

En el centésimo día, Juan 4-6 nos muestra a Jesús enseñando a los samaritanos, sanando a los enfermos y revelando su poder divino. Proverbios 5:7-14 recalca la importancia de escuchar la sabiduría y evitar los caminos que conducen a la destrucción, fomentando una vida de integridad y fidelidad al Señor.

Capítulo 4

1. El Señor se enteró de que los fariseos tenían noticias de él; se decía que Jesús bautizaba y atraía más discípulos que Juan,

2. aunque de hecho no bautizaba Jesús, sino sus discípulos.

3. Jesús decidió, entonces, abandonar Judea y volvió a Galilea.

4. Para eso tenía que pasar por el país de Samaría,

5. y fue así como llegó a un pueblo de Samaría llamado Sicar, cerca de la tierra que Jacob dio a su hijo José.

6. Allí se encuentra el pozo de Jacob. Jesús, cansado por la caminata, se sentó al borde del pozo. Era cerca del mediodía.

7. Fue entonces cuando una mujer samaritana llegó para sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber.»

8. Los discípulos se habían ido al pueblo para comprar algo de comer.

9. La samaritana le dijo: «¿Cómo tú, que eres judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Se sabe que los judíos no tratan con los samaritanos).

10. Jesús le dijo: «Si conocieras el don de Dios, si supieras quién es el que te pide de beber, tú misma le pedirías agua viva y él te la daría.»

11. Ella le dijo: «señor, no tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿Dónde vas a conseguir esa agua viva?

12. Nuestro antepasado Jacob nos dio este pozo, del cual bebió él, sus hijos y sus animales; ¿eres acaso más grande que él?»

13. Jesús le dijo: «El que beba de esta agua volverá a tener sed,

14. pero el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en un chorro que salta hasta la vida eterna.»

15. La mujer le dijo: «Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar agua.»

16. Jesús le dijo: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá.»

17. La mujer contestó: «No tengo marido.» Jesús le dijo: «Has dicho bien que no tienes marido,

18. pues has tenido cinco maridos, y el que tienes ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»

19. La mujer contestó: «Señor, veo que eres profeta.

20. Nuestros padres siempre vinieron a este cerro para adorar a Dios y ustedes, los judíos, ¿no dicen que Jerusalén es el lugar en que se debe adorar a Dios?»

21. Jesús le dijo: «Créeme, mujer: llega la hora en que ustedes adorarán al Padre, pero ya no será "en este cerro" o "en Jerusalén".

22. Ustedes, los samaritanos, adoran lo que no conocen, mientras que nosotros, los judíos, adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

23. Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad.

24. Entonces serán verdaderos adoradores del Padre, tal como él mismo los quiere. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.»

25. La mujer le dijo: «Yo sé que el Mesías, (que es el Cristo), está por venir; cuando venga, nos enseñará todo.»

26. Jesús le dijo: «Ese soy yo, el que habla contigo.»

27. En aquel momento llegaron los discípulos y se admiraron al verlo hablar con una mujer. Pero ninguno le preguntó qué quería ni de qué hablaba con ella.

28. La mujer dejó allí el cántaro y corrió al pueblo a decir a la gente:

29. «Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Cristo?»

30. Salieron, pues, del pueblo y fueron a verlo.

31. Mientras tanto los discípulos le insistían: «Maestro, come.»

32. Pero él les contestó: «El alimento que debo comer, ustedes no lo conocen.»

33. Y se preguntaban si alguien le habría traído de comer.

34. Jesús les dijo: «Mi alimento es hacer la voluntad de aquel que me ha enviado y llevar a cabo su obra.

35. Ustedes han dicho: "Dentro de cuatro meses será tiempo de cosechar". ¿No es verdad? Pues bien, yo les digo: Levanten la vista y miren los campos: ya están amarillentos para la siega.

36. El segador ya recibe su paga y junta el grano para la vida eterna, y con esto el sembrador también participa en la alegría del segador.

37. Aquí vale el dicho: Uno es el que siembra y otro el que cosecha.

38. Yo los he enviado a ustedes a cosechar donde otros han trabajado y sufrido. Otros se han fatigado y ustedes han retomado de su trabajo.»

39. Muchos samaritanos de aquel pueblo creyeron en él por las palabras de la mujer, que declaraba: «El me ha dicho todo lo que he hecho.»

40. Cuando llegaron los samaritanos donde él, le pidieron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días.

41. Muchos más creyeron al oír su palabra,

42. y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú has contado. Nosotros mismos lo hemos escuchado y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.»

43. Pasados los dos días, Jesús partió de allí para Galilea.

44. El había afirmado que un profeta no es reconocido en su propia tierra.

45. Sin embargo los galileos lo recibieron muy bien al llegar, porque habían visto todo lo que Jesús había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues ellos también habían ido a la fiesta.

46. Jesús volvió a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había un funcionario real en Cafarnaún que tenía un hijo enfermo.

47. Al saber que Jesús había vuelto de Judea a Galilea, salió a su encuentro para pedirle que fuera a sanar a su hijo, que se estaba muriendo.

48. Jesús le dio esta respuesta: «Si ustedes no ven señales y prodigios, no creen.»

49. El funcionario le dijo: «Señor, ten la bondad de venir antes de que muera mi hijo.»

50. Jesús le contestó: «Puedes volver, tu hijo está vivo.» El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino.

51. Al llegar a la bajada de los cerros, se topó con sus sirvientes que venían a decirle que su hijo estaba sano.

52. Les preguntó a qué hora se había mejorado el niño, y le contestaron: «Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre.»

53. El padre comprobó que a esa misma hora Jesús le había dicho: «Tu hijo está vivo.» Y creyó él y toda su familia.

54. Esta es la segunda señal milagrosa que hizo Jesús. Acababa de volver de Judea a Galilea.

Capítulo 5

1. Después de esto se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén.

2. Hay en Jerusalén, cerca de la Puerta de las Ovejas, una piscina llamada en hebreo Betesda. Tiene ésta cinco pórticos,

3. y bajo los pórticos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, tullidos (y paralíticos. Todos esperaban que el agua se agitara,

4. porque un ángel del Señor bajaba de vez en cuando y removía el agua; y el primero que se metía después de agitarse el agua quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.)

5. Había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo.

6. Jesús lo vio tendido, y cuando se enteró del mucho tiempo que estaba allí, le dijo: «¿Quieres sanar?»

7. El enfermo le contestó: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua, y mientras yo trato de ir, ya se ha metido otro.»

8. Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda.»

9. Al instante el hombre quedó sano, tomó su camilla y empezó a caminar. Pero aquel día era sábado.

10. Por eso los judíos dijeron al que acababa de ser curado: «Hoy es día sábado, y la Ley no permite que lleves tu camilla a cuestas.»

11. El les contestó: «El que me sanó me dijo: Toma tu camilla y anda.»

12. Le preguntaron: «¿Quién es ese hombre que te ha dicho: Toma tu camilla y anda?»

13. Pero el enfermo no sabía quién era el que lo había sanado, pues Jesús había desaparecido entre la multitud reunida en aquel lugar.

14. Más tarde Jesús se encontró con él en el Templo y le dijo: «Ahora estás sano, pero no vuelvas a pecar, no sea que te suceda algo peor.»

15. El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado.

16. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales curaciones en día sábado.

17. Pero Jesús les respondió: «Mi Padre sigue trabajando, y yo también trabajo.»

18. Y los judíos tenían más ganas todavía de matarle, porque además de quebrantar la ley del sábado, se hacía a sí mismo igual a Dios, al llamarlo su propio Padre.

19. Jesús les dirigió la palabra: «En verdad les digo: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino sólo lo que ve hacer al Padre. Todo lo que haga éste, lo hace también el Hijo.

20. El Padre ama al Hijo y le enseña todo lo que él hace, y le enseñará cosas mucho más grandes que éstas, que a ustedes los dejarán atónitos.

21. Como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, también el Hijo da la vida a los que quiere.

22. Del mismo modo, el Padre no juzga a nadie, sino que ha entregado al Hijo la responsabilidad de juzgar,

23. para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, tampoco honra al Padre que lo ha enviado.

24. En verdad les digo: El que escucha mi palabra y cree en el que me ha enviado, vive de vida eterna; ya no habrá juicio para él, porque ha pasado de la muerte a la vida.

25. Sepan que viene la hora, y ya estamos en ella, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la escuchen vivirán.

26. Así como el Padre tiene vida en sí mismo, también ha dado al Hijo tener vida en sí mismo.

27. Y además le ha dado autoridad para llevar a cabo el juicio, porque es hijo de hombre.

28. No se asombren de esto; llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán mi voz.

29. Los que obraron el bien resucitarán para la vida, pero los que obraron el mal irán a la condenación.

30. Yo no puedo hacer nada por mi cuenta, sino que juzgo conforme a lo que escucho; así mi juicio es recto, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió.

31. Si yo hago de testigo en mi favor, mi testimonio no tendrá valor.

32. Pero Otro está dando testimonio de mí, y yo sé que es verdadero cuando da testimonio de mí.

33. Ustedes mandaron interrogar a Juan, y él dio testimonio de la verdad.

34. Yo les recuerdo esto para bien de ustedes, para que se salven, porque personalmente yo no me hago recomendar por hombres.

35. Juan era una antorcha que ardía e iluminaba, y ustedes por un tiempo se sintieron a gusto con su luz.

36. Pero yo tengo un testimonio que vale más que el de Juan: son las obras que el Padre me encomendó realizar. Estas obras que yo hago hablan por mí y muestran que el Padre me ha enviado.

37. Y el Padre que me ha enviado también da testimonio de mí. Ustedes nunca han oído su voz ni visto su rostro;

38. y tampoco tienen su palalabra, pues no creen al que él ha enviado.

39. Ustedes escudriñan las Escrituras pensando que encontrarán en ellas la vida eterna, y justamente ellas dan testimonio de mí.

40. Sin embargo ustedes no quieren venir a mí para tener vida.

41. Yo no busco la alabanza de los hombres.

42. Sé sin embargo que el amor de Dios no está en ustedes,

43. porque he venido en nombre de mi Padre, y ustedes no me reciben. Si algún otro viene en su propio nombre, a ése sí lo acogerán.

44. Mientras hacen caso de las alabanzas que se dan unos a otros y no buscan la gloria que viene del Unico Dios, ¿cómo podrán creer?

45. No piensen que seré yo quien los acuse ante el Padre. Es Moisés quien los acusa, aquel mismo en quien ustedes confían.

46. Si creyeran a Moisés, me creerían también a mí, porque él escribió de mí.

47. Pero si ustedes no creen lo que escribió Moisés, ¿cómo van a creer lo que les digo yo?»

Capítulo 6

1. Después Jesús pasó a la otra orilla del lago de Galilea, cerca de Tiberíades.

2. Le seguía un enorme gentío, a causa de las señales milagrosas que le veían hacer en los enfermos.

3. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

4. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.

5. Jesús, pues, levantó los ojos y, al ver el numeroso gentío que acudía a él, dijo a Felipe: «¿Dónde iremos a comprar pan para que coma esa gente?»

6. Se lo preguntaba para ponerlo a prueba, pues él sabía bien lo que iba a hacer.

7. Felipe le respondió: «Doscientas monedas de plata no alcanzarían para dar a cada uno un pedazo.»

8. Otro discípulo, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo:

9. «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es esto para tanta gente?»

10. Jesús les dijo: «Hagan que se sienta la gente.» Había mucho pasto en aquel lugar, y se sentaron los hombres en número de unos cinco mil.

11. Entonces Jesús tomó los panes, dio las gracias y los repartió entre los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, y todos recibieron cuanto quisieron.

12. Cuando quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos que han sobrado para que no se pierda nada.»

13. Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos que no se habían comido: eran las sobras de los cinco panes de cebada.

14. Al ver esta señal que Jesús había hecho, los hombres decían: «Este es sin duda el Profeta que había de venir al mundo.»

15. Jesús se dio cuenta de que iban a tomarlo por la fuerza para proclamarlo rey, y nuevamente huyó al monte él solo.

16. Al llegar la noche, sus discípulos bajaron a la orilla

17. y, subiendo a una barca, cruzaron el lago rumbo a Cafarnaún. Habían visto caer la noche sin que Jesús se hubiera reunido con ellos,

18. y empezaban a formarse grandes olas debido al fuerte viento que soplaba.

19. Habían remado como unos cinco kilómetros cuando vieron a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y se llenaron de espanto.

20. Pero él les dijo: «Soy Yo, no tengan miedo.»

21. Quisieron subirlo a la barca, pero la barca se encontró en seguida en la orilla adonde se dirigían.

22. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago se dio cuenta que allí no había habido más que una barca y que Jesús no había subido con sus discípulos en la barca, sino que éstos se habían ido solos.

23. Mientras tanto algunas lanchas de Tiberíades habían atracado muy cerca del lugar donde todos habían comido el pan.

24. Al ver que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, la gente subió a las lanchas y se dirigieron a Cafarnaún en busca de Jesús.

25. Al encontrarlo al otro lado del lago, le preguntaron: «Rabbí (Maestro), ¿cómo has venido aquí?»

26. Jesús les contestó: «En verdad les digo: Ustedes me buscan, no porque han visto a través de los signos, sino porque han comido pan hasta saciarse.

27. Trabajen, no por el alimento de un día, sino por el alimento que permanece y da vida eterna. Este se lo dará el Hijo del hombre; él ha sido marcado con el sello del Padre.»

28. Entonces le preguntaron: «¿Qué tenemos que hacer para trabajar en las obras de Dios?»

29. Jesús respondió: «La obra de Dios es ésta: creer en aquel que Dios ha enviado.»

30. Le dijeron: «¿Qué puedes hacer? ¿Qué señal milagrosa haces tú, para que la veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?

31. Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, según dice la Escritura: Se les dio a comer pan del cielo.»

32. Jesús contestó: «En verdad les digo: No fue Moisés quien les dio el pan del cielo. Es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo.

33. El pan que Dios da es Aquel que baja del cielo y que da vida al mundo.»

34. Ellos dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan.»

35. Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre y el que cree en mí nunca tendrá sed.

36. Sin embargo, como ya les dije, ustedes se niegan a creer aun después de haber visto.

37. Todo lo que el Padre me ha dado vendrá a mí, y yo no rechazaré al que venga a mí,

38. porque yo he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

39. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día.

40. Sí, ésta es la decisión de mi Padre: toda persona que al contemplar al Hijo crea en él, tendrá vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

41. Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: «Yo soy el pan que ha bajado del cielo.»

42. Y decían: «Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? El no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?»

43. Jesús les contestó: «No murmuren entre ustedes.

44. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió. Y yo lo resucitaré en el último día.

45. Está escrito en los Profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mí toda persona que ha escuchado al Padre y ha recibido su enseñanza.

46. Pues, por supuesto que nadie ha visto al Padre: sólo Aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre.

47. En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna.

48. Yo soy el pan de vida.

49. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron:

50. aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran.

51. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y lo daré para la vida del mundo.»

52. Los judíos discutían entre sí: «¿Cómo puede éste darnos a comer carne?»

53. Jesús les dijo: «En verdad les digo que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes.

54. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de vida eterna, y yo lo resucitaré el último día.

55. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

56. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

57. Como el Padre, que es vida, me envió y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí.

58. Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como el de vuestros antepasados, que comieron y después murieron. El que coma este pan vivirá para siempre.

59. Así habló Jesús en Cafarnaún enseñando en la sinagoga.

60. Al escucharlo, cierto número de discípulos de Jesús dijeron: «¡Este lenguaje es muy duro! ¿Quién querrá escucharlo?»

61. Jesús se dio cuenta de que sus discípulos criticaban su discurso y les dijo: «¿Les desconcierta lo que he dicho?

62. ¿Qué será, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir al lugar donde estaba antes?

63. El espíritu es el que da vida, la carne no sirve para nada. Las palabras que les he dicho son espíritu, y son vida.

64. Pero hay entre ustedes algunos que no creen.» Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién lo iba a entregar.

65. Y agregó: «Como he dicho antes, nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.»

66. A partir de entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y dejaron de seguirle.

67. Jesús preguntó a los Doce: «¿Quieren marcharse también ustedes?»

68. Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién iríamos? Tú tienes palabras de vida eterna.

69. Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.»

70. Jesús les dijo: «¿No los elegí yo a ustedes, a los Doce? Y sin embargo uno de ustedes es un diablo.»

71. Jesús se refería a Judas Iscariote, hijo de Simón, pues era uno de los Doce y lo iba a traicionar.

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7. Y ahora, hijo mío, no te apartes de mis consejos.

8. Que tu trayecto pase lejos de esa mujer, no te arriesgues a la entrada de su casa.

9. Porque a lo mejor puedes perder tu honor con gente extraña, y años de tu vida pueden pasar a gente despiadada.

10. ¡No sea que extraños devoren tu fortuna, y tus economías acaben en la casa de otro!

11. Entonces te lamentarás, viendo como se agotaron tus fuerzas y tu salud,

12. y dirás: "¿Cómo pude rechazar las advertencias y despreciar tantos sabios consejos?

13. ¿Por qué no escuché la voz de mis maestros y seguí los consejos de los que me instruían?

14. Ahora casi he llegado al nivel más bajo, en medio del pueblo y de la asamblea!"

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"Sigamos o caminho que nos conduz a Deus." São Padre Pio de Pietrelcina