Gefunden 949 Ergebnisse für: Servicio En El Templo
El sumo sacerdote Joaquín, los sacerdotes del servicio y los levitas, ceñidos sus cuerpos con cilicio, ofrecían el sacrificio perpetuo, las ofrendas y los dones voluntarios del pueblo. (Judit 4, 14)
Pero cuando se apartaron del camino que Dios les había trazado, gran número pereció en numerosas batallas y fueron desterrados a tierras extrañas, el templo de Dios fue destruido y sus ciudades tomadas por los enemigos. (Judit 5, 18)
Pues si caemos nosotros, caerá toda Judea, el templo será saqueado y nosotros seremos responsables ante Dios de su profanación, (Judit 8, 21)
Por tanto, hermanos, seamos conscientes de que la vida de nuestros compatriotas depende de nosotros, y que el santuario, el templo y el altar pesan sobre nosotros. (Judit 8, 24)
Judit se postró con el rostro en tierra, echó ceniza sobre su cabeza y dejó al descubierto el áspero sayal que llevaba. Era precisamente la hora en que se ofrecía en Jerusalén el incienso de la tarde en el templo de Dios, cuando clamó al Señor así: (Judit 9, 1)
El pueblo estuvo celebrando fiestas ante el templo durante tres meses. (Judit 16, 20)
Todos los servidores del rey, que estaban al servicio de la puerta de palacio, se arrodillaban y postraban cuando Amán pasaba, según había ordenado el rey. Pero Mardoqueo no se arrodillaba ni se postraba ante él. (Ester 3, 2)
Llamó entonces Ester a Hatac, uno de los eunucos que el rey había puesto a su servicio, y lo mandó a preguntar a Mardoqueo qué pasaba y por qué hacía aquello. (Ester 4, 5)
Harbona, uno de los eunucos del servicio del rey, dijo: "La horca de veinticinco metros de altura que Amán ha preparado para Mardoqueo, que habló en favor del rey, está en casa de Amán". El rey dijo: "Colgadlo". (Ester 7, 9)
anular tus promesas y exterminar tu propiedad, cerrar la boca de los que te alaban y extinguir la gloria de tu templo y de tu altar (Ester 14, 9)
¿No es un servicio la vida del hombre en la tierra? ¿No son sus días, días de jornalero? (Job 7, 1)
Mas yo, por tu infinita bondad, entro en tu casa, me postro hacia tu templo con toda reverencia. (Salmos 5, 8)