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"Señor, Dios de mi padre Simeón, en cuyas manos pusiste la espada para castigar a aquellos extranjeros que desnudaron, violaron y deshonraron a una virgen, profanando su seno. Hicieron todo eso, aunque tú habías prohibido hacerlo. (Judit 9, 2)
abandonaste a sus mujeres al rapto y a sus hijos al cautiverio, y todas sus posesiones a que fueran repartidas entre tus hijos predilectos, que ardiendo en celo por ti, detestaron la profanación de su sangre e invocaron tu ayuda. (Judit 9, 4)
Castiga con la seducción de mis palabras al esclavo y al señor, al jefe y a su servidor. Acaba con su fanfarronería por medio de mi mano de mujer. (Judit 9, 10)
Al ver su rostro tan cambiado y mudados sus vestidos, se extasiaron ante su belleza y le dijeron: (Judit 10, 7)
"El Dios de nuestros padres te favorezca y realice tus planes para gloria de Israel y exaltación de Jerusalén". (Judit 10, 8)
Voy a presentarme a Holofernes, general jefe de vuestro ejército, para comunicarle información exacta. Yo le mostraré el camino para apoderarse de toda la montaña, sin perder ni un solo hombre". (Judit 10, 13)
Los soldados, al oír estas palabras, y prendados de su hermosura -era de belleza extraordinaria-, le dijeron: (Judit 10, 14)
Se maravillaban de su belleza y de los israelitas, y comentaban: "¿Quién puede despreciar al pueblo que tiene mujeres tan bellas? No sería prudente dejar ni un solo hombre, pues los supervivientes podrían seducir al mundo entero". (Judit 10, 19)
Los guardias personales de Holofernes y todos sus ayudantes de campo salieron y la introdujeron en la tienda. (Judit 10, 20)
Holofernes le dijo: "Ten confianza, mujer, no tengas miedo; jamás he maltratado a los que han decidido servir a Nabucodonosor, rey de toda la tierra. (Judit 11, 1)
Han determinado consumir las primicias del trigo y los diezmos del vino y del aceite, cosas sagradas reservadas a los sacerdotes de Jerusalén, que ningún seglar puede tocar ni siquiera con las manos. (Judit 11, 13)
Han enviado delegados a Jerusalén, donde el pueblo hace lo mismo, para conseguir autorización de los ancianos. (Judit 11, 14)