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A buena hora se pusieron en camino y llegaron a la boda. Al entrar en casa de Ragüel, encontraron a Tobías sentado a la mesa. Se levantó y saludó a Gabael, que se echó a llorar y lo bendijo así: "¡Hombre bueno y honrado, hijo de un hombre honrado, justo y limosnero! Que el Señor te bendiga con bendiciones celestiales a ti, a tu mujer, a su padre y a su madre. Bendito sea Dios, que he visto a Tobías tan parecido a mi primo Tobit". (Tobías 9, 6)
Tobit contestaba: "Cálmate, mujer; no te preocupes, que está bueno y salvo. Le habrá salido algún imprevisto; pero el hombre que le acompañaba es persona de confianza y uno de nuestros compatriotas. No te entristezcas, mujer, que pronto llegará". (Tobías 10, 6)
presintió que llegaba y dijo a su marido: "Mira, tu hijo viene con el hombre con el que marchó". (Tobías 11, 6)
Cuando terminó la boda, Tobit llamó a su hijo Tobías y le dijo: "Hijo mío, piensa cuánto debes dar al hombre que te acompañó y cuánto debes añadir a lo convenido". (Tobías 12, 1)
Pero los habitantes de todas estas regiones despreciaron el llamamiento de Nabucodonosor, rey de Asiria, y no fueron con él a la guerra, porque no le temían; lo consideraban como un hombre cualquiera. Despidieron a sus emisarios con las manos vacías y llenos de vergüenza. (Judit 1, 11)
Cada hombre recibió abundantes provisiones y gran cantidad de oro y plata facilitados por la casa real. (Judit 2, 18)
Y nosotros, sus siervos, los barreremos como a un solo hombre y no podrán resistir el brío de nuestra caballería. (Judit 6, 3)
Pero vosotros no forcéis la voluntad del Señor, nuestro Dios, pues Dios no es como un hombre, al que se puede amenazar y presionar. (Judit 8, 16)
No es hoy cuando se ha manifestado tu prudencia, pues desde siempre el pueblo conoce tu sagacidad y la bondad natural de tu corazón. (Judit 8, 29)
Voy a presentarme a Holofernes, general jefe de vuestro ejército, para comunicarle información exacta. Yo le mostraré el camino para apoderarse de toda la montaña, sin perder ni un solo hombre". (Judit 10, 13)
Se maravillaban de su belleza y de los israelitas, y comentaban: "¿Quién puede despreciar al pueblo que tiene mujeres tan bellas? No sería prudente dejar ni un solo hombre, pues los supervivientes podrían seducir al mundo entero". (Judit 10, 19)
Llamaron a Ajior, que estaba en casa de Ozías. Cuando llegó y vio la cabeza de Holofernes en manos de un hombre de los de la asamblea del pueblo, cayó al suelo sin sentido. (Judit 14, 6)