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El hombre que peca contra su propio lecho dice en su corazón: "¿Quién me ve? La oscuridad me rodea y los muros me cubren; nadie me ve: ¿qué puedo temer? El Altísimo no se acordará de mis pecados". (Eclesiástico 23, 18)
Porque, primero, ha desobedecido la Ley del Señor; segundo, ha faltado contra su marido; tercero, se ha prostituido con su adulterio, teniendo hijos con un hombre extraño. (Eclesiástico 23, 23)
Si un hombre mantiene su enojo contra otro, ¿cómo pretende que el Señor lo sane? (Eclesiástico 28, 3)
No vayas por un camino lleno de obstáculos y no tropezarás contra las piedras. (Eclesiástico 32, 20)
Los ojos del Señor miran a aquellos que lo aman: él es escudo poderoso y apoyo seguro, refugio contra el viento abrasador y el ardor del mediodía, salvaguardia contra el tropiezo y auxilio contra la caída. (Eclesiástico 34, 16)
no se muestra parcial contra el pobre y escucha la súplica del oprimido; (Eclesiástico 35, 13)
Levanta tu mano contra las naciones extranjeras y que ellas vean tu dominio. (Eclesiástico 36, 2)
¡Un compañero comparte las alegrías del amigo y en el momento de la aflicción, se vuelve contra él! (Eclesiástico 37, 4)
No pidas consejo a una mujer sobre su rival, ni a un cobarde sobre la guerra, ni a un comerciante sobre un negocio, ni a un comprador sobre una venta, ni a un envidioso sobre la gratitud, ni a un despiadado sobre un beneficio, ni a un perezoso sobre cualquier trabajo, ni al que trabaja por horas sobre la conclusión de una obra, ni a un servidor holgazán sobre un trabajo difícil: no cuentes con estos para ningún consejo. (Eclesiástico 37, 11)
Unos intrusos se confabularon contra él y le tuvieron celos en el desierto: los secuaces de Datán y Abirón y la banda de Coré, ardiendo de furor. (Eclesiástico 45, 18)
Al ver esto, el Señor se disgustó y fueron exterminados por el ardor de su ira: él obró prodigios contra ellos, consumiéndolos con su fuego ardiente. (Eclesiástico 45, 19)
¡Qué glorioso era cuando alzaba su brazo y blandía la espada contra las ciudades! (Eclesiástico 46, 2)