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preocupándoos no sólo de vuestras cosas, sino también de las cosas de los demás. (Filipenses 2, 4)
Por ello Dios le exaltó sobremanera y le otorgó un nombre que está sobre cualquier otro nombre, (Filipenses 2, 9)
Por tanto, queridos hermanos, como siempre habéis obedecido, no sólo durante mi presencia, sino también y mucho más mientras estuve ausente, trabajad por vuestra salvación con profundo acatamiento (Filipenses 2, 12)
a fin de que seáis irreprochables y sin malicia, hijos de Dios irreprensibles en medio de esta generación perversa y descarriada, en medio de la cual brilláis como astros en el universo, (Filipenses 2, 15)
Y aunque tuviera que derramar mi sangre como libación sobre el sacrificio y la ofrenda de vuestra fe, me gozo y congratulo con todos vosotros. (Filipenses 2, 17)
Alegraos también vosotros de esto mismo y congratulaos conmigo. (Filipenses 2, 18)
Pues a nadie tengo de tan idénticos sentimientos conmigo, que tan sinceramente se preocupe de vuestras cosas; (Filipenses 2, 20)
Entre tanto he juzgado necesario enviaros a Epafrodito, nuestro hermano, colaborador y compañero de fatigas, el que vosotros me enviasteis con el encargo de socorrerme en mis necesidades, (Filipenses 2, 25)
pues está deseando veros a todos vosotros y siente profunda inquietud porque sabe que ha llegado a vosotros la noticia de su enfermedad. (Filipenses 2, 26)
Cierto que enfermó y estuvo a las puertas de la muerte, pero Dios tuvo misericordia de él; y no sólo de él, sino también de mí, para que no tuviese yo tristeza sobre tristeza. (Filipenses 2, 27)
que por la obra de Cristo estuvo a punto de morir poniendo en peligro su vida para proporcionarme en vuestra ausencia los servicios que vosotros no me podíais prestar. (Filipenses 2, 30)
Por lo demás, hermanos míos, alegraos en el Señor. No me resulta molesto escribiros las mismas cosas, y a vosotros os es útil. (Filipenses 3, 1)