Encontrados 52 resultados para: Antíoco

  • De ellos brotó un vástago perverso, Antíoco Epífanes, hijo del rey Antíoco, que había estado en Roma como rehén y comenzó a reinar el año 137 de la era de los griegos. (I Macabeos 1, 10)

  • Cuando Antíoco se percató de que su reinado estaba bien consolidado, concibió la idea de apoderarse también de Egipto para reinar en las dos naciones. (I Macabeos 1, 16)

  • El 15 del mes de quisleu del año 145, Antíoco levantó un ídolo repugnante sobre el altar de los holocaustos y edificó altares en todas las ciudades circunvecinas de Judá. (I Macabeos 1, 54)

  • Cuando el rey Antíoco se enteró de todo esto montó en cólera y mandó reclutar todas las fuerzas de su reino para formar un poderosísimo ejército. (I Macabeos 3, 27)

  • así como de la educación de su hijo Antíoco, hasta su vuelta. (I Macabeos 3, 33)

  • Mientras el rey Antíoco recorría las provincias del norte, supo que Elimaida, en Persia, era una ciudad famosa por la abundancia de oro y plata; (I Macabeos 6, 1)

  • le dio su corona, el mando y el anillo, con el encargo de educar a su hijo Antíoco y prepararlo para el gobierno. (I Macabeos 6, 15)

  • Lisias, al enterarse de la muerte del rey, proclamó rey a su hijo Antíoco, a quien había educado desde niño, y le apellidó Eupator. (I Macabeos 6, 17)

  • Entretanto, Filipo, a quien el rey Antíoco había confiado en vida la educación de su hijo Antíoco para prepararlo para gobernar, (I Macabeos 6, 55)

  • Cuando avanzaba hacia Antioquía, residencia real de sus padres, el ejército hizo prisioneros a Antíoco y Lisias para entregárselos. (I Macabeos 7, 2)

  • Habían vencido a Antíoco el Grande, rey de Asia, que les presentó batalla con ciento veinte elefantes, caballería y carros y un ejército incontable. (I Macabeos 8, 6)

  • El año 160 Alejandro Epífanes, hijo de Antíoco, fue y se apoderó de Tolemaida, donde fue bien recibido y se proclamó rey. (I Macabeos 10, 1)


“Que Maria sempre enfeite sua alma com as flores e o perfume de novas virtudes e coloque a mão materna sobre sua cabeça. Fique sempre e cada vez mais perto de nossa Mãe celeste, pois ela é o mar que deve ser atravessado para se atingir as praias do esplendor eterno no reino do amanhecer.” São Padre Pio de Pietrelcina