Znaleziono 2422 Wyniki dla: Río
El rey partió rápidamente para reprimir la insurrección, dejando en su lugar a Andrónico, uno de los dignatarios más grandes de su corte. (II Macabeos 4, 31)
Todos pedían que tales presagios y apariciones fueran de buen augurio. (II Macabeos 5, 4)
Por esto, también el templo ha participado de las desgracias del pueblo, así como después estuvo asociado a sus beneficios; y aunque fuera abandonado a la ira del omnipotente, fue exaltado de nuevo gloriosamente en la reconciliación del gran Dios. (II Macabeos 5, 20)
Le mandaba, además, profanar el templo de Jerusalén, dedicándolo a Júpiter Olímpico, y el de Garizín, a Júpiter Hospitalario, como lo pedían los habitantes del lugar. (II Macabeos 6, 2)
Por el contrario, eran violentamente obligados a celebrar cada mes, con sacrificios, la fiesta del rey; y cuando llegaban las fiestas de Baco, eran forzados a ceñir sus frentes con hiedra, y así tomar parte en las procesiones. (II Macabeos 6, 7)
Pero él prefirió una muerte gloriosa a una vida de ignominia, e iba por su propia voluntad al suplicio, (II Macabeos 6, 19)
Los que lo conducían, al oír esto, trocaron su benevolencia anterior en aversión y odio, pues creían que hablaba con insensatez y obstinación. (II Macabeos 6, 29)
Y así murió, dejando no sólo a los jóvenes, sino a la mayor parte de la nación un ejemplo de nobleza y un monumento de virtud y fortaleza con su muerte. (II Macabeos 6, 31)
Así murió el primero. Acercaron entonces el segundo para torturarlo. Le arrancaron el cuero cabelludo, y le preguntaron: "¿Quieres comer para no ser atormentado en tu cuerpo, miembro por miembro?". (II Macabeos 7, 7)
Pero, sobre todo, fue admirable la madre, y digna de gloriosa memoria. Ella, viendo muertos a sus siete hijos en el espacio de un día, lo llevaba todo con ánimo grande por la esperanza que tenía en el Señor. (II Macabeos 7, 20)
Antíoco sospechaba que lo despreciaba, y pensó que también lo recriminaba. Pero, con todo, al más joven, que quedaba todavía, no solamente le exhortaba con palabras, sino que le prometía con juramento enriquecerlo de una vez y hacerle el más feliz, y, una vez que hubiera renegado de su religión y abandonado las leyes patrias, tenerle como amigo, proveerle de todo lo necesario y darle un cargo de gobierno. (II Macabeos 7, 24)
Así murió también éste, sin mancha, y confiando plenamente en el Señor. (II Macabeos 7, 40)