Znaleziono 12214 Wyniki dla: Est
Nadie como el Señor es santo -fuera de ti no hay otros-, no hay roca como nuestro Dios. (I Samuel 2, 2)
Los hartos se contratan por un poco de pan, mientras que los hambrientos ya no se fatigan. La mujer estéril tiene siete hijos, y la madre fecunda se marchita. (I Samuel 2, 5)
Él levanta del polvo al miserable, él saca al mendigo del estiércol para hacer que se siente con los nobles y asignarle un trono glorioso; porque suyos son los pilares de la tierra, y sobre ellos ha puesto él el orbe. (I Samuel 2, 8)
El joven Samuel estaba al servicio del Señor, vestido con un efod de lino. (I Samuel 2, 18)
Elí bendecía a Elcaná y a su mujer, diciendo: "Que el Señor te dé descendencia de esta mujer en lugar del que ella ha ofrecido al Señor". Y ellos se volvían a su casa. (I Samuel 2, 20)
Elí era ya muy anciano. Se enteró de todo lo que hacían sus hijos a todo Israel y que se acostaban con las mujeres que estaban al servicio de la entrada de la tienda de la reunión, (I Samuel 2, 22)
y les dijo: "¿Por qué hacéis estas cosas que yo oigo de vosotros a todo el pueblo? (I Samuel 2, 23)
Un hombre de Dios fue a ver a Elí y le dijo: "Esto dice el Señor: Yo me manifesté claramente a la familia de tu padre, cuando estaban en Egipto, esclavos del Faraón. (I Samuel 2, 27)
¿por qué profanáis los sacrificios y las ofrendas que yo he mandado, y tienes en mayor estima a tus hijos que a mí, tomando para vosotros lo mejor de las ofrendas de mi pueblo Israel? (I Samuel 2, 29)
Por eso, palabra del Señor, Dios de Israel: Yo había prometido que tu casa y la casa de tu padre estarían por siempre ante mí para servirme; pero ahora, palabra del Señor, lejos de mí tal cosa; porque yo honro a los que me honran, y los que me desprecian serán tratados como nada. (I Samuel 2, 30)
Yo me nombraré un sacerdote fiel, que hará lo que yo quiero y deseo; le edificaré una casa estable y caminará siempre en presencia de mi ungido. (I Samuel 2, 35)
El joven Samuel estaba al servicio del Señor con Elí. En aquel tiempo era raro oír la palabra de Dios, y las visiones no eran frecuentes. (I Samuel 3, 1)