Znaleziono 1648 Wyniki dla: Dor
El rey preguntó a Heliodoro por la persona más indicada para enviarla otra vez a Jerusalén. (II Macabeos 3, 37)
Heliodoro respondió: "Si tienes alguna persona contraria y enemiga de tu gobierno, envíala allá, y la harás volver bien castigada, si es que consigue volver. En aquel lugar hay un poder divino. (II Macabeos 3, 38)
Esto fue lo que sucedió con Heliodoro, y así se salvó el tesoro. (II Macabeos 3, 40)
El tal Simón, delatador de los tesoros y traidor a la patria, calumniaba a Onías, como si hubiera sido el instigador contra Heliodoro y causa de sus males. (II Macabeos 4, 1)
Al bienhechor de la ciudad, al defensor de su pueblo y al celador de la ley se atrevía a llamar traidor del orden público; (II Macabeos 4, 2)
Quitó los estatutos benévolos del rey, hechos por Juan, padre de Eupolemo, el embajador que hizo el tratado de amistad con los romanos. Abolió las leyes antiguas, y puso nuevos estatutos ilegales. (II Macabeos 4, 11)
el criminal Jasón envió a la fiesta desde Jerusalén espectadores, ciudadanos antioquenos, que llevaban trescientas dracmas de plata para el sacrificio de Hércules; pero dijeron que no convenía emplearlas en el sacrificio, sino en otros gastos. (II Macabeos 4, 19)
Menelao dejó en su lugar en el sumo sacerdocio a su hermano Lisímaco; y, por su parte, Sóstrates fue nombrado gobernador de Chipre. (II Macabeos 4, 29)
Menelao, viéndose perdido, prometió mucho dinero a Tolomeo, hijo de Dorimeno, para que le ganara el favor del rey. (II Macabeos 4, 45)
No fue esto sólo. El rey tuvo la osadía de entrar en el templo más santo de la tierra, guiado por Menelao, traidor a su patria y a sus leyes. (II Macabeos 5, 15)
Pues si la ciudad no hubiera estado envuelta en pecado, Antíoco habría sido bien flagelado y reprimido en su audacia, como lo fue Heliodoro, mandado por Seleuco a robar el tesoro. (II Macabeos 5, 18)
No mucho después el rey envió a un senador ateniense, con el fin de obligar a los judíos a dejar las leyes paternas y a no gobernarse según las leyes de Dios. (II Macabeos 6, 1)