Znaleziono 5954 Wyniki dla: Dios Está Cerca
De allí los cinco hombres se fueron a Lais. Vieron que las gentes de esta ciudad vivían seguros, a la manera de los sidonios, tranquilos y pacíficos, y que nada les faltaba de cuanto produce la tierra; además estaban lejos de los sidonios y sin relación alguna con los arameos. (Jueces 18, 7)
Cuando lleguéis, os encontraréis con un pueblo sin defensa. Es una región espaciosa que Dios ha puesto en vuestras manos, y en la que no falta de nada". (Jueces 18, 10)
y acamparon en Quiriat Yearín, en Judá. Por eso aquel lugar se llama todavía hoy "el campamento de Dan". Está al poniente de Quiriat Yearín. (Jueces 18, 12)
Los cinco hombres que habían ido a explorar el país dijeron a sus compañeros: "¿No sabéis que en esta casa hay un efod, ídolos familiares y una imagen tallada y chapeada? Pensad lo que conviene hacer". (Jueces 18, 14)
Él respondió: "¿Me habéis robado el dios que me había hecho y el sacerdote y me habéis dejado sin nada, y todavía me preguntáis qué me pasa?". (Jueces 18, 24)
Y tuvieron entronizado el ídolo durante todo el tiempo que la casa de Dios estuvo en Silo. (Jueces 18, 31)
Cuando llegaron cerca de Jebús, era el atardecer, y el criado dijo a su amo: "Vayamos a esta ciudad de los jebuseos para pasar en ella la noche". (Jueces 19, 11)
El dueño de la casa salió y les dijo: "No, hermanos míos, no hagáis semejante barbaridad, por favor. Ya que está en mi casa, no debéis hacer esta infamia. (Jueces 19, 23)
Aquí está mi hija, que es virgen; os la sacaré fuera para que abuséis de ella y hagáis con ella lo que queráis; pero no cometáis con este hombre semejante infamia". (Jueces 19, 24)
Los jefes de todo el pueblo, todas las tribus de Israel, asistieron a la asamblea del pueblo de Dios, cuatrocientos mil hombres de a pie que sabían manejar la espada. (Jueces 20, 2)
fueron a Betel para consultar a Dios: "¿Quién de nosotros subirá el primero a luchar contra los de Benjamín?". El Señor respondió: "Judá". (Jueces 20, 18)
El pueblo fue a Betel y estuvo allí hasta la tarde ante Dios, levantando su voz y haciendo gran llanto, y decían: (Jueces 21, 2)