Znaleziono 366 Wyniki dla: Altar
Y Adonías, por miedo a Salomón, se levantó y fue a agarrarse a los cuernos del altar. (I Reyes 1, 50)
Informaron de ello a Salomón: "Adonías tiene miedo del rey Salomón y se ha agarrado a los cuernos del altar diciendo: Júreme hoy el rey Salomón que no ha de matar a espada a su siervo". (I Reyes 1, 51)
El rey Salomón mandó que lo retiraran del altar. Adonías fue y se postró ante el rey. Salomón le dijo: "Vete a tu casa". (I Reyes 1, 53)
Joab, que había seguido el partido de Adonías, y no el de Absalón, al enterarse de la noticia, se refugió en el santuario del Señor y se agarró a los cuernos del altar. (I Reyes 2, 28)
Cuando le comunicaron al rey Salomón que Joab se había refugiado en el santuario del Señor y que estaba junto al altar, ordenó a Benayas, hijo de Yehoyadá, que fuera y lo matara. (I Reyes 2, 29)
El rey fue a Gabaón a ofrecer sacrificios, porque ésa era la colina más importante. Ofreció mil víctimas sobre aquel altar. (I Reyes 3, 4)
Tenía diez metros de largo, diez de ancho y diez de alto; lo cubrió de oro puro; hizo un altar de cedro (I Reyes 6, 20)
Salomón hizo todos los demás utensilios del templo del Señor: el altar de oro; la mesa de oro, sobre la que se ponían los panes de la proposición; (I Reyes 7, 48)
Entonces Salomón se puso delante del altar del Señor en presencia de toda la comunidad israelita, alzó sus manos al cielo y (I Reyes 8, 22)
Cuando alguno peque contra su prójimo y le obliguen a jurar ante tu altar en este templo, (I Reyes 8, 31)
Al terminar de hacer al Señor esta oración y súplica, Salomón se levantó de delante del altar del Señor, donde estaba arrodillado, y con las manos levantadas hacia el cielo, (I Reyes 8, 54)
En aquel día el rey consagró el centro del atrio que estaba delante del templo del Señor, pues allí ofreció los holocaustos, las ofrendas y las grasas de los sacrificios de reconciliación, porque el altar de bronce que estaba delante del Señor era pequeño para tantos holocaustos, ofrendas y grasas de los sacrificios de reconciliación. (I Reyes 8, 64)