Mosaico decorativo

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  • Encontramos escrito en los documentos que el profeta Jeremías mandó a los deportados tomar del fuego antes dicho; (II Macabeos 2, 1)

  • Se dice también en los documentos que el profeta, ilustrado por revelación de Dios, mandó que llevaran tras él el tabernáculo y el arca. Salió hasta el monte a donde Moisés había subido para contemplar la tierra prometida por Dios. (II Macabeos 2, 4)

  • Y que, así como cuando Moisés oró al Señor vino fuego del cielo que consumió el sacrificio, así también, cuando Salomón oró, bajó fuego y consumió los holocaustos. (II Macabeos 2, 10)

  • Y Moisés dijo: Ya que el sacrificio por el pecado no fue comido, ha sido consumido por el fuego. (II Macabeos 2, 11)

  • todo lo que Jasón de Cirene ha dicho en cinco volúmenes, procuraremos resumirlo en uno solo. (II Macabeos 2, 23)

  • Teniendo presente la cantidad de números y la dificultad que entraña la amplitud de la materia para aquellos que quieren ceñirse al estudio de la historia, (II Macabeos 2, 24)

  • Para nosotros, que nos hemos impuesto la tarea no fácil de resumir, ha sido obra de sudores y vigilias. (II Macabeos 2, 26)

  • pero a aquel que no intenta más que resumirla, se le permite la brevedad, sin que pueda exigírsele una narración completa de los hechos. (II Macabeos 2, 31)

  • Mientras la ciudad santa gozaba de una paz completa y se observaban todas las leyes por la piedad del sumo sacerdote Onías y su odio a toda maldad, (II Macabeos 3, 1)

  • Un tal Simón, de la tribu de Benjamín, inspector del templo, se enemistó con el sumo sacerdote por cuestiones de la administración de la ciudad y, (II Macabeos 3, 4)

  • a quien descubrió que en el tesoro del templo se guardaban riquezas increíbles, que la cantidad del dinero era innumerable, que no se empleaba en el servicio del templo y que el rey podría apoderarse de ello. (II Macabeos 3, 6)

  • Llegó a Jerusalén, y fue recibido amigablemente por el sumo sacerdote y por la ciudad; informó de la denuncia recibida, y preguntó si las cosas eran así en realidad. (II Macabeos 3, 9)


"A prática das bem-aventuranças não requer atos de heroísmo, mas a aceitação simples e humilde das provações." São Padre Pio de Pietrelcina