Fondare 425 Risultati per: Tres Visitantes
Entonces el hombre de Dios se irritó contra él y dijo: "Si hubieras golpeado cinco o seis veces, habrías derrotado a Siria hasta exterminarlo; pero ahora lo derrotarás sólo tres veces". (II Reyes 13, 19)
Joás, hijo de Joacaz, quitó a Ben Hadad, hijo de Jazael, las ciudades que éste había arrebatado en la guerra a su padre, Joacaz. Le derrotó tres veces, y así recuperó las ciudades de Israel. (II Reyes 13, 25)
El rey de Asiria invadió todo el país, atacó a Samaría y la sitió durante tres años. (II Reyes 17, 5)
Al cabo de tres años la tomó. El año sexto de Ezequías, el noveno de Oseas, rey de Israel, se conquistó Samaría. (II Reyes 18, 10)
"Vuélvete y di a Ezequías, jefe de mi pueblo: Esto dice el Señor, Dios de tu padre David: He escuchado tu oración y he mirado tus lágrimas. Te voy a devolver la salud. Dentro de tres días podrás ir al templo del Señor. (II Reyes 20, 5)
Y Ezequías preguntó a Isaías: "¿Cuál será la señal de que el Señor me curará y podré ir dentro de tres días al templo del Señor?". (II Reyes 20, 8)
Joacaz tenía veintitrés años cuando subió al trono, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Jamutal, hija de Jeremías, de Libná. (II Reyes 23, 31)
Pero el Faraón Necó lo encadenó en Ribla, en el país de Jamat, lo destronó de Jerusalén e impuso al país un tributo de tres mil cuatrocientos kilos de plata y treinta y cuatro de oro. (II Reyes 23, 33)
En su tiempo, Nabucodonosor, rey de Babilonia, lo atacó, y Joaquín le estuvo sometido durante tres años; pero luego se rebeló contra él. (II Reyes 24, 1)
Jeconías tenía dieciocho años cuando subió al trono, y reinó tres meses en Jerusalén. Su madre se llamaba Nejustá, hija de Elnatán, de Jerusalén. (II Reyes 24, 8)
El jefe de la escolta apresó al sumo sacerdote Serayas, al sacerdote segundo Sofonías y a los tres guardianes de la puerta, (II Reyes 25, 18)
Hijos de Judá: Er, Onán y Selá; los tres le nacieron de la hija de Súa, la cananea. Er, primogénito de Judá, era malo a los ojos del Señor, que lo hizo morir. (I Crónicas 2, 3)