Fondare 4259 Risultati per: Servir A Dios
Esto dice el Señor Dios a Tiro: "Al estruendo de tu desplome, al gemido de tus heridos, cuando la carnicería hierva en medio de ti, ¿no temblarán las islas? (Ezequiel 26, 15)
Pues esto dice el Señor Dios: Cuando te haya reducido a un desierto, como las ciudades ya no habitadas, y se abalance sobre ti el océano y las aguas en masa te cubran, (Ezequiel 26, 19)
Te haré objeto de espanto y no existirás más. Se te buscará, pero no se te encontrará jamás, afirma el Señor Dios. (Ezequiel 26, 21)
Dirás a Tiro: Oh tú, que te sientas a la orilla del mar y traficas con pueblos esparcidos en islas sin cuento esto dice el Señor Dios. Tiro, tú has dicho: Yo soy la perfecta hermosura. (Ezequiel 27, 3)
"Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Esto dice el Señor Dios: Tu corazón se ha enorgullecido y has dicho: Un dios soy yo, en la morada de un dios habito, en medio del mar. Tú, que eres un hombre y no un dios, has equiparado tu corazón al corazón de Dios. (Ezequiel 28, 2)
Por eso, esto dice el Señor Dios: Porque has hecho tu corazón semejante al corazón de Dios, (Ezequiel 28, 6)
¿Podrás decir aún: Un dios soy yo, ante los verdugos? Un hombre eres, y no un dios, en manos de quienes te traspasan. (Ezequiel 28, 9)
¡Tendrás la muerte de los incircuncisos, en manos de extranjeros! He hablado yo", dice el Señor Dios. (Ezequiel 28, 10)
"Hijo de hombre, entona una elegía sobre el príncipe de Tiro. Le dirás: Esto dice el Señor Dios: Tú eras el dechado de la perfección, lleno de sabiduría y de espléndida belleza. (Ezequiel 28, 12)
En Edén, jardín de Dios, vivías. Innumerables piedras preciosas adornaban tu manto: rubí, topacio, diamante, crisólito, piedra de ónice, jaspe, zafiro, carbunclo y esmeralda; de oro era el borde de tu manto, de oro las incrustaduras, todo a punto desde el día en que fuiste creado. (Ezequiel 28, 13)
Como un querubín protector yo te había puesto en el monte santo de Dios y caminabas entre brasas ardientes. (Ezequiel 28, 14)
Con el progreso de tu tráfico te llenaste de violencia y pecados, y yo te he arrojado del monte de Dios y te he exterminado, oh querubín protector, de entre las brasas ardientes. (Ezequiel 28, 16)