Fondare 526 Risultati per: Palabras
Pero éstos no se fiaron de sus palabras, al saber que habían llegado con un ejército numeroso. (I Macabeos 7, 11)
Báquides les dirigió palabras de paz y prometió con juramento: "No trataremos mal ni a vosotros ni a vuestros amigos". (I Macabeos 7, 15)
Les gustaron, sin embargo, las palabras de Alejandro por haber sido el que primero les había hecho propuestas de paz, y se declararon sus fieles aliados. (I Macabeos 10, 47)
Cuando Jonatán oyó las palabras de Apolonio, se indignó. Eligió diez mil hombres y salió para Jerusalén; su hermano Simón se unió a él con una tropa de socorro. (I Macabeos 10, 74)
Llegó a Siria con palabras de paz, y los habitantes de las ciudades le abrieron las puertas y le salieron al encuentro, porque así lo había mandado Alejandro, pues era su suegro. (I Macabeos 11, 2)
Al oír estas palabras, el pueblo se llenó de entusiasmo y todos exclamaron a grandes voces: (I Macabeos 13, 7)
Atenobio, amigo del rey, llegó a Jerusalén y, viendo la fastuosidad de Simón, su vajilla de oro y plata y el aparato con que se rodeaba, quedó maravillado. Pero le comunicó las palabras del rey. (I Macabeos 15, 32)
Antíoco sospechaba que lo despreciaba, y pensó que también lo recriminaba. Pero, con todo, al más joven, que quedaba todavía, no solamente le exhortaba con palabras, sino que le prometía con juramento enriquecerlo de una vez y hacerle el más feliz, y, una vez que hubiera renegado de su religión y abandonado las leyes patrias, tenerle como amigo, proveerle de todo lo necesario y darle un cargo de gobierno. (II Macabeos 7, 24)
Con estas palabras les infundió valor, los dispuso a morir por la patria y sus leyes y dividió el ejército en cuatro alas. (II Macabeos 8, 21)
Los sitiados, fiados en la solidez de los muros y en los depósitos de víveres, despreciaban villanamente a los de Judas, llenándolos de injurias, blasfemando y profiriendo afrentas y palabras horribles. (II Macabeos 12, 14)
Encendió sus ánimos con palabras de la ley y los profetas, les trajo a la memoria las batallas ganadas y les infundió valor. (II Macabeos 15, 9)
Quedó con esto cada uno armado, no con escudos y lanzas, sino con palabras alentadoras. Confirmó todo esto narrándoles un sueño digno de fe, que a todos les llenó de alegría. (II Macabeos 15, 11)