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porque ya no habrá tiranos, ni burlones, y habrán sido exterminados todos los maleantes, (Isaías 29, 20)
Por tanto, esto dice el Santo de Israel: Pues rechazáis esta palabra y os dais a lo perverso y desleal apoyándoos en ello, (Isaías 30, 12)
El egipcio es un hombre, y no un dios; y sus caballos son carne, no espíritu. El Señor extenderá su mano, y se tambaleará el protector; caerá el protegido y todos a la vez perecerán. (Isaías 31, 3)
Esto me ha dicho el Señor: Como el león o el cachorro ruge sobre su presa, y al acosarle el tropel de los pastores no se asusta de sus gritos ni se acobarda por su número, así el Señor todopoderoso bajará a pelear en el monte Sión y en su colina. (Isaías 31, 4)
Podrán los jóvenes cansarse y fatigarse, podrán tambalearse los muchachos; (Isaías 40, 30)
Todo esto lo emplea el hombre para hacer fuego y le sirve para calentarse; lo enciende también para cocer el pan. Y con esto mismo se fabrica además un dios para prosternarse ante él, se hace un ídolo para adorarlo. (Isaías 44, 15)
Esto dice el Señor, el redentor, el Santo de Israel, al despreciado, al aborrecido de las gentes, al esclavo de los tiranos: Los reyes, al verte, se levantarán, los príncipes se inclinarán por causa del Señor, que es leal, del Santo de Israel, que te ha elegido. (Isaías 49, 7)
Esto dice el Señor: Se le podrá arrancar a un valiente sus cautivos, a un guerrero se le podrá escapar la presa; mas con tus adversarios pelearé yo y salvaré a tus hijos. (Isaías 49, 25)
Ausente está la lealtad, y el que evita el mal es expoliado. El Señor se ha indignado al ver que no hay justicia. (Isaías 59, 15)
El que sea bendecido en el país, será bendecido por el Dios de la lealtad; y el que jure en el país, jurará por el Dios de la lealtad; pues los males pasados quedarán olvidados, ocultos a mis ojos. (Isaías 65, 16)
Esto dice el Señor: ¿En qué me encontraron desleal vuestros padres para que se alejaran de mí? Corrieron en pos de la vanidad, y en vanidad se convirtieron ellos mismos. (Jeremías 2, 5)
De lejos el Señor se le ha aparecido. Con amor eterno te he amado, por eso te trato con lealtad. (Jeremías 31, 3)