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"Todos los servidores del rey y el pueblo de las provincias saben que cualquiera, hombre o mujer, que entre en el vestíbulo interno, sin haber sido llamado, cae bajo la ley inexorable que lo condena a muerte, a no ser que el rey, tendiendo hacia él su cetro de oro, le conceda la gracia de la vida. Hace ya treinta días que no me ha llamado". (Ester 4, 11)
Cuando Amán entró, el rey le preguntó: "¿Cómo debe tratarse a un hombre al que el rey quiere honrar?". Amán pensaba: "¿A quién va a querer honrar el rey sino a mí?". Y contestó: (Ester 6, 6)
El vestido, el caballo y la corona entréguense a uno de los más nobles y altos príncipes del rey. Éste vestirá al hombre a quien el rey quiere honrar y lo guiará a caballo por la plaza de la ciudad, gritando ante él: Así se trata a quien el rey quiere honrar". El rey dijo a Amán: (Ester 6, 9)
La interrumpió el rey para preguntarle: "¿Quién es y dónde está el hombre al que se le ha ocurrido tal cosa?". (Ester 7, 5)
Me he portado así para no poner la gloria de un hombre por encima de la gloria de Dios. Jamás me postraré ante nadie; sólo delante de ti, Señor; y no hago esto por orgullo. (Ester 13, 14)
Había en el país de Hus un hombre llamado Job, hombre perfecto, íntegro, temeroso de Dios y apartado del mal. (Job 1, 1)
Y el Señor dijo a Satán: "¿Has reparado en mi siervo Job? No hay nadie en la tierra como él, hombre recto, íntegro, temeroso de Dios y apartado del mal". (Job 1, 8)
Y el Señor dijo a Satán: "¿Has reparado acaso en mi siervo Job? No hay nadie en la tierra como él, hombre recto, íntegro, temeroso de Dios y apartado del mal. Aún sigue firme en su entereza; en vano me has incitado contra él para arruinarlo". (Job 2, 3)
Satán respondió: "Piel por piel, que todo cuanto tiene el hombre está dispuesto a darlo por su vida. (Job 2, 4)
¡Perezca el día en que nací y la noche que se dijo: "Ha sido concebido un hombre!". (Job 3, 3)
a un hombre cuyo camino se ha borrado y a quien Dios asedia por todas partes? (Job 3, 23)
¿Puede ante Dios ser justo el hombre? ¿Ante su hacedor es puro algún mortal? (Job 4, 17)