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regresaba y, sentado en su carro, leía al profeta Isaías. (Hechos 8, 28)
El Espíritu dijo a Felipe: "Avanza y acércate a ese carro". (Hechos 8, 29)
Felipe corrió, oyó que leía al profeta Isaías y dijo: "¿Entiendes lo que estás leyendo?". (Hechos 8, 30)
Él respondió: "¿Cómo lo voy a entender si alguien no me lo explica?". Y rogó a Felipe que subiera y se sentara con él. (Hechos 8, 31)
El eunuco dijo a Felipe: "Por favor, ¿de quién dice esto el profeta? ¿De él o de otro?". (Hechos 8, 34)
Felipe tomó la palabra y, comenzando por este pasaje de la Escritura, le anunció la buena nueva de Jesús. (Hechos 8, 35)
Y mandó detener el carro. Bajaron los dos al agua, Felipe y el eunuco, y lo bautizó. (Hechos 8, 38)
Al salir del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco ya no lo vio más, y continuó su camino muy contento. (Hechos 8, 39)
Felipe se encontró con que estaba en Azoto, y fue evangelizando todas las ciudades hasta llegar a Cesarea. (Hechos 8, 40)
Por aquellos días cayó enferma y se murió. La lavaron y la pusieron en la estancia de arriba. (Hechos 9, 37)
Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestase (Hechos 10, 40)
Todos los profetas testifican que el que crea en él recibirá, por su nombre, el perdón de los pecados". (Hechos 10, 43)