Mosaico decorativo

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  • yo, el Señor, vuestro Dios, que os saqué de Egipto para daros la tierra de Canaán y ser vuestro Dios. (Levítico 25, 38)

  • será para ti como un jornalero o un huésped, y estará a tu servicio hasta el año jubilar. (Levítico 25, 40)

  • Compraréis esclavos de las naciones vecinas; en éstas podréis adquirir esclavos y esclavas. (Levítico 25, 44)

  • Podréis adquirirlos también entre los extranjeros que viven en medio de vosotros, entre sus familias y entre los hijos que hayan tenido en vuestra tierra; éstos serán vuestra propiedad (Levítico 25, 45)

  • y los podréis dejar en herencia a vuestros hijos, después de vosotros, para que los posean a título de propiedad perpetua como esclavos vuestros. En cuanto a vuestros hermanos, los israelitas, ninguno tratará con dureza a los demás. (Levítico 25, 46)

  • Contará, de acuerdo con el comprador, los años que median entre la venta y el año jubilar y, de acuerdo con el número de éstos, se computará el precio de venta, valorando su tiempo de servicio como el de un jornalero. (Levítico 25, 50)

  • Si faltan todavía muchos años, pagará su rescate teniendo en cuenta el número de éstos y el precio que recibió por venderse. (Levítico 25, 51)

  • Si no hubiera sido rescatado de ninguna de estas maneras, saldrá libre el año del jubileo junto con sus hijos. (Levítico 25, 54)

  • Porque los israelitas me pertenecen como siervos; son mis siervos que yo saqué de Egipto: yo, el Señor, vuestro Dios". (Levítico 25, 55)

  • "No os hagáis ídolos, no os alcéis estatuas o estelas ni pongáis en vuestra tierra piedras esculpidas para postraros ante ellas, porque yo soy el Señor, vuestro Dios. (Levítico 26, 1)

  • la trilla se prolongará hasta la vendimia y la vendimia hasta la siembra; comeréis vuestro pan a saciedad y viviréis seguros en vuestra tierra. (Levítico 26, 5)

  • Habrá paz en el país y nadie turbará vuestro sueño. Haré desaparecer de en medio de vosotros a los animales dañinos, y la espada enemiga no pasará vuestras fronteras. (Levítico 26, 6)


"Quem te agita e te atormenta é o demônio. Quem te consola é Deus!" São Padre Pio de Pietrelcina