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La joven le gustó, y él se apresuró a darle el tratamiento de belleza y alimentos, poniendo a su disposición siete doncellas elegidas entre las mejores del palacio real; luego la llevó con sus doncellas al sitio mejor del harén. (Ester 2, 9)
En todas las provincias y lugares donde fue publicado el edicto del rey no había más que luto, ayunos, lloros y lamentos por parte de los judíos. El saco y las cenizas fueron el lecho de muchos. (Ester 4, 3)
Las doncellas de Ester y sus eunucos fueron a decírselo. La reina lo sintió grandemente y envió vestidos a Mardoqueo para que se los pusiese y se quitase el saco, pero él no quiso. (Ester 4, 4)
Hatac salió y fue a donde estaba siempre Mardoqueo, en la plaza que había delante de la puerta real. (Ester 4, 6)
"Anda, reúne a todos los judíos de Susa, y ayunad por mi intención. No comáis ni bebáis durante tres días y tres noches. También yo, con mis doncellas, ayunaré. Luego me presentaré al rey, aun contra la ley, y si he de morir, moriré". (Ester 4, 16)
La interrumpió el rey para preguntarle: "¿Quién es y dónde está el hombre al que se le ha ocurrido tal cosa?". (Ester 7, 5)
En las provincias y poblaciones adonde llegaban las órdenes del decreto real tuvieron los judíos alegría y gozo, convites y fiestas. Muchos se hacían judíos por el miedo que les tenían. (Ester 8, 17)
como días en que los judíos se deshicieron de sus enemigos, y mes en que la tristeza se convirtió en alegría y el luto en regocijo. Estos dos días debían convertirse en días de banquete y alegría, haciéndose regalos unos a otros y dando donativos a los pobres. (Ester 9, 22)
uno de los numerosos cautivos que Nabucodonosor, rey de Babilonia, había deportado desde Jerusalén, con Jeconías, rey de Judá, (Ester 11, 4)
Radiante de hermosura, invocó a Dios, árbitro y salvador de todos, y tomó consigo dos doncellas. (Ester 15, 5)
Levantó su rostro centelleante y lanzó una mirada cargada de ira. La reina perdió el color, se desmayó y se apoyó en la doncella que la acompañaba. (Ester 15, 10)
Pero queremos que entendáis mejor lo que decimos: Amán, hijo de Hamdatá, macedonio, extraño a la sangre persa y completamente ajeno a nuestra benignidad, fue recibido por nosotros como huésped (Ester 16, 10)