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El Señor ha echado delante de nosotros a todos los pueblos y a los amorreos que vivían en el país. También nosotros serviremos al Señor, porque él es nuestro Dios". (Josué 24, 18)
Josué dijo al pueblo: "Vosotros no podréis servir al Señor, porque él es un Dios santo, un Dios celoso, y no soportará vuestros delitos ni vuestros pecados. (Josué 24, 19)
"Entonces, quitad de en medio de vosotros los dioses extranjeros e inclinad vuestros corazones al Señor, Dios de Israel". (Josué 24, 23)
El pueblo respondió a Josué: "Serviremos al Señor, nuestro Dios, y le obedeceremos". (Josué 24, 24)
Y escribió estas palabras en el libro de la ley de Dios. Tomó después una gran piedra y la levantó allí, debajo de la encina que había en el santuario del Señor. (Josué 24, 26)
Y dijo a todo el pueblo: "Esta piedra será testigo contra vosotros, porque ella ha oído todas las palabras que el Señor nos ha dirigido; será testigo contra vosotros para que no neguéis a vuestro Dios". (Josué 24, 27)
Adonisedec dijo: "Setenta reyes, cortados los pulgares de pies y manos, recogían las migajas debajo de mi mesa; Dios me paga con la misma medida". Fue llevado a Jerusalén, y allí murió. (Jueces 1, 7)
Abandonaron al Señor, Dios de sus padres, que los había sacado de Egipto, y se fueron tras otros dioses de los pueblos vecinos; los adoraron, provocando por ello la ira del Señor. (Jueces 2, 12)
Los israelitas hicieron lo que desagrada al Señor. Olvidaron al Señor, su Dios, para adorar a los baales y las aserás. (Jueces 3, 7)
Ehud entró. El rey estaba sentado en la sala de verano, reservada para él solo, tomando el fresco. Ehud le dijo: "Tengo una palabra de Dios para ti, oh rey", y éste se levantó de la silla. (Jueces 3, 20)
Ella mandó llamar a Barac, hijo de Abinoán, de Cades, en Neftalí, y le dijo: "El Señor, Dios de Israel, ha ordenado esto: Vete al monte Tabor y toma contigo diez mil hombres de la tribu de Neftalí y Zabulón. (Jueces 4, 6)
Así humilló Dios aquel día a Yabín, rey de Canaán, ante los israelitas. (Jueces 4, 23)