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Sijón salió a nuestro encuentro con toda su gente para darnos batalla en Yahsá. (Deuteronomio 2, 32)
"Partimos y subimos camino de Basán. Og, rey de Basán, nos salió al encuentro con toda su gente para darnos batalla en Edreí. (Deuteronomio 3, 1)
solamente vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados -ya sé que vuestros rebaños son numerosos- se quedarán en las ciudades que os he dado (Deuteronomio 3, 19)
No añadiréis ni suprimiréis nada de las prescripciones que os doy, sino que guardaréis los mandamientos del Señor, vuestro Dios, tal como yo os los prescribo hoy. (Deuteronomio 4, 2)
Al mismo tiempo me ordenó a mí que os enseñase las leyes y mandamientos que debíais guardar en la tierra que ibais a tomar en posesión". (Deuteronomio 4, 14)
Guardaos, pues, de olvidar la alianza que el Señor, vuestro Dios, ha hecho con vosotros y no os hagáis esculturas o imágenes talladas de todo lo que el Señor, tu Dios, te ha prohibido, (Deuteronomio 4, 23)
El Señor os dispersará entre los pueblos, y sólo quedará de vosotros un pequeño número en medio de las naciones entre las que el Señor os arrojará. (Deuteronomio 4, 27)
pues el Señor, tu Dios, es Dios misericordioso, que no te abandonará, ni te aniquilará, ni se olvidará de la alianza que juró a tus padres". (Deuteronomio 4, 31)
expulsó delante de ti pueblos más numerosos y más fuertes que tú para hacerte entrar en su tierra y dártela en propiedad, como hoy lo ves. (Deuteronomio 4, 38)
No te postrarás ante ellas ni les darás culto, pues yo, el Señor, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo las faltas de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, (Deuteronomio 5, 9)
Acuérdate de que tú fuiste siervo también en Egipto y de que el Señor, tu Dios, te sacó de allí con mano fuerte y brazo poderoso. Por eso el Señor, tu Dios, te manda guardar el sábado. (Deuteronomio 5, 15)
para decirme: Hemos visto al Señor, nuestro Dios, su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz en medio del fuego. Hoy hemos comprobado que Dios puede hablar al hombre y quedar éste con vida. (Deuteronomio 5, 24)